miércoles, 30 de junio de 2010

Receta para olvidar a alguien antes de ir a trotar

Ingredientes:

+ 500 gramos de champiñones
+ 4 dientes de ajo
+ 3 cucharadas de aceite
+ 2 cucharadas de perejil picado
+ 1 pizca de sal
+ Rúgula al gusto

Advertencia: Algunas personas agregan algún tipo de carne a esta receta, pero yo recomiendo eliminarla. La carnalidad puede arruinar el resultado final.

Corte los champiñones en láminas bien delgadas, dividiendo al mismo tiempo los recuerdos en pequeñas imágenes para que pierdan su significado. Agregue sal de mi cabeza (la receta no funciona tan bien con sal de cocina, ni con sales marinas, ni con sales con alguien más). 
Corte los dientes de ajo en láminas igualmente finas y olvide los dientes en su pecho, olvide los dientes en su espalda, olvide los dientes en sus labios. 
En una sartén de compasión infinita ponga a sofreír el ajo picado y cuando éste tome un color dorado agregue los champiñones. Deje al fuego durante el tiempo que sea necesario y agregue perejil, rúgula y  liberación al gusto.
Tenga cuidado con el deseo de posesión. Al igual que la carne, puede arruinar la receta.

La mayoría prefieren los champiñones al ajillo en las noches. Yo los prefiero en la mañana que es el mejor momento para el olvido. Acompañe con jugo de naranja y buena actitud. Salga a trotar.

sábado, 26 de junio de 2010

Sabiduría Pop

¿Para qué buscar la sabiudría en los diálogos platónicos, o en las citas de Borges si a uno le gustaban los muchachitos griegos y el otro era soberanamente infeliz y amargado? ¿Podré acaso llamar a Octavio Paz a que me dé consejos sobre mi situación actual? ¡No, hombre! Nadie quiere ahora interesarse en temas tan triviales como los nuestros. Me llamas de nuevo y calculo que durante el día de hoy hemos pasado al menos unas tres horas hablando tonterías y riéndonos como un par de niños. No quiero desenmarañar nuestra ecuación, ya no me interesa que nos entendamos el uno al otro. Las mujeres son para quererlas, no para entenderlas y a pesar de todo siento que te conozco mejor de lo que me conoces tú a mí y que eres más franca de lo que yo nunca he sido en mi vida. Sonrío satisfecho.
De golpe suena esa canción y traemos a nuestro presente un pedazo de 1997. La respuesta no la tiene Platón ni la tiene Borges. La respuesta la tenemos nosotros dos y las Spice Girls. Lo nuestro está tipificado y descrito desde hace años. Lo nuestro está plasmado en una canción y hace parte de la sabiduría popular. Nos despedimos dejando abrazos y besos en la línea telefónica.
"There is no need to say you love me, it would be better left unsaid".



jueves, 24 de junio de 2010

Untitled - June 30th, 2006

My female crime,
my precious storm,
my fragile princess,
my endless love.

I dream of you as an empty house
as an open book, as an open door
and you dream of me sitting by the dusk
and you nail your pillows when I'm getting close.

My female crime,
my lightning storm,
my fragile princess,
my endless love.

You're coming soon to light up my home
with stormy kisses and cluody love
and I'll be ready, belive it or not,
to deal with the pain of love's overdose.

A lonely walk
among the crowd
the only treasure
I've been thinking of.
I'm ready to be exposed in the cross
I wait for the nails, I long for your call
it's an invitation I make in cold blood
to love overdose, to painful withdrawal.

miércoles, 23 de junio de 2010

Las haches y las zetas

Puedo perdonar todos los errores del mundo, todos los defectos. Puedo comprender la confusión y ese no saber qué quieres, puedo entender la mujer desorientada que a veces actúa como tu conciencia, puedo tolerar que compres de forma compulsiva, que gastes tu dinero irresponsablemente, puedo perdonar tu tabaquismo, puedo soportar que comas hasta inflarte y adquirir proporciones de cetáceo para luego culparte, dejar de comer y enseñarme los huesos de tu espalda. Puedo pasar por alto tus llamadas de borracha, las escenas de eso que - dices- no son celos. Comprendo perfectamente que veas a otros hombres, que sueñes con aventuras desenfrenadas, que pruebes conductas pecaminosas que te hagan sentir viva de vez en cuando. No espero que al despertar tu boca huela a menta, ni me incomoda que ronques, ni que te rasques la nariz frenéticamente mientras estás dormida. No me importa que no recuerdes ni una cita de Borges, que no sepas cuál es la capital de Holanda, ni que te pongas nerviosa cuando tratas de decir algo en inglés. Soy capaz de soportar ese ficticio acento de niña paisa mimada y el molestísimo timbre de bogotana adinerada. Puedo perdonar todos los errores del mundo, todos los defectos, excepto - corazón mío - la falta de ortografía. Si de verdad me quieres procura no ubicar las haches y las zetas en lugares equivocados.

sábado, 19 de junio de 2010

Cecilia

Es tu cintura, corazón, un paraíso estrecho que se abre generosamente en amplias caderas. Me encanta poner mi mano derecha sobre tus curvaturas, tomar el micrófono y cantar mientras tú callas. Me encanta utilizar mis dedos para hacerte parir un acorde, me encanta tu voz en las mañanas y que me digas alguna estupidez mirándome a los ojos. Me encanta cuando nos reimos en la cama, vemos televisión y pedimos desayuno a domicilio. Adoro tocarte, me encanta recorrer esos rincones de tu cuerpo que el sol poco acaricia, me encanta tu espalda morena, tus senos pálidos, tus dientes blancos, el color artificial en tu pelo, el brillo de tu madera, de tus cuerdas, hacer girar tus clavijas para corregirte, me encanta cuando estamos juntos en tarima o cuando vamos a cine y te aferras a mi brazo, me encanta cuando se enciende el botón rojo y ambos sentimos el nerviosismo propio de querer sacar una buena toma. Me encanta que me digas "corazón" y que me digas "yo te adoro" aunque sea mentira, me encanta limpiarte con esmero como lo hacen los gatos, girar tus potenciómetros, seleccionar el micrófono indicado, usar la lengua de modo complaciente y hacerte gritar. Cada mujer y cada guitarra son para mí un paraíso. Cecilia y tú son hoy mis favoritas.

lunes, 14 de junio de 2010

Tres Noches en Nueva York III

VII
13-07-07
A pesar de poco tiempo de sueño te levantas antes de las 7:00 a.m. y te metes a la tina. El agua está hirviendo y tus amigos duermen. Por primera vez en varios días tus pies reciben el trato que se merecen. Después del baño sales a caminar por la Quinta Avenida. Escuchas ruido en el Rockefeller Center y te animas a entrar pues sabes que alguien está tocando. La gente grita, las cámaras se mueven suspendidas en grúas por toda la plazoleta. Cuando ya te acomodas empieza a tocar KT Tunstall y te emocionas... hasta bien adentro, hasta la fibra más escondida de tus huesos. Piensas que deberías vivir una temporada de tu vida en New York y sientes una pequeña tentación de llanto cuando suena "Big Black Horse and the Cherry Tree". Sales del Rock Center cuando se termina el show y caminas hacia Times Square para comprar algo en el Hard Rock Café.Charlas un rato con la dependiente, que te invita a pasar a la planta baja donde hay un montón de piezas de colección: El teclado con el que Trent Reznor grabó "The Downward Spiral", una foto de infancia de Kurt Cobain, un vestido de Gwen Stefani. Pero se te entrecorta cierra la garganta y te tiemblan las rodillas cuando estás parado frente a 4 trajes y 4 maletines que alguna vez usaron tus más grandes ídolos: The Beatles. A la izquierda hay un bajo Hofner de Paul McCartney, A la derecha la guitarra con la que George Harrison tocó el Concierto para Bangladesh. Y ese es sólo el comienzo. Las emociones más fuertes llegarán al atardecer.

VIII
13-07-07
Pasas casi todo el día en el hotel hablando con medios de comunicación. Te hacen las mismas preguntas una y otra vez. Tanto que imaginas respuestas distintas respuestas estúpidas para la misma pregunta. Estás exhausto. Lamentas que el tiempo en New York se esté acabando. Sin embargo, te debes a ti mismo una peregrinación.


IX
13-07-07
Sales del hotel armado de cámaras y con una ansiedad terrible en el corazón. Piensas en lo que sentirías si esa mujer estuviera contigo. Te metes al subway rumbo a la 72nd West junto a Central Park. Al llegar a la estación el corazón se te acelera. Según tus cálculos estás debajo del Dakota. Al subir las escaleras y ver de nuevo la luz de la superficie todo a tu alrededor se congela, no importa el ruido de los carros, las voces de los demás... el tiempo se detiene. Es un edificio majestuoso. Sabes que cuesta un dineral vivir allí y te imaginas la arrogante felicidad de John Lennon al recibir a Paul McCartney en alguna de sus inoportunas visitas al Dakota. Piensas en su obsesión por los números, en sus gatos, en el ejército de sirvientes y la increíble colección de obras de arte. Posas para las fotos, pero tu cabeza está en otro tiempo. Puedes sentir la infinita tristeza de John, la ambición insaciable de Yoko, lo imaginas escribiendo sus diarios y mirando al Central Park, fumando un poco de yerba tailandesa, jugando con Sean. Imaginas sus votos de silencio, sus dietas autoflajeladoras, su adicción a la cafeína y sus esfuerzos por dejar el cigarrillo. De pronto suenan en tu cabeza la disparos que te cruzan la aorta y la tráquea y quieres dejarte caer sobre el pavimento, entregarte a los brazos de una noche invernal neoyorkina... son las voces de tus compañeros que te llaman, que te invitan a cruzar la calle para ir a Strawberry Fields.
Central Park es como un tempo de silencio en el corazón de la isla de Manhattan. Junto al pequeño monumento que hay en el piso, varios hippies cantan y tocan guitarra. Si hubiera una tumba dejarías una flor, tu peregrinación no está completa sin una ofrenda, así que sacas un pick de guitarra, lo firmas por un lado y por el otro escribes tu mensaje para John Lennon. No importa que más tarde un empleado del parque remueva tu ofrenda. Ya estuviste allí. Es hora de regresar al metro. El midtown está esperando.

X
13-07-07
Es el 13 de julio del año 2007. Estás seguro de que alguien que conoces cumple años ese día. Te esfuerzas por recordarlo pero es imposible. Vas caminando con tus socios sin rumbo, después de descansar un rato en el Rock Center. Los pies te están matando, ¿pero cómo regresar al hotel? ¿Cómo querer dormir si esta podría ser tu última noche en New York? Te juras a ti mismo que vas a volver. Son las 9:00 y el sol empieza a ponerse. New York es un estado mental, piensas de nuevo. Es más una forma de afrontar el mundo. Te haces la promesa de regresar.
Entras a una tienda en la que venden de todo y empiezas a curiosear en la sección de música. Agotando tus últimos dólares compras el disco de Lilly Allen, no sin antes curiosear en la sección de Rock en Español y sentirte ofendido porque todos los discos cuestan 10 dólares y el último álbum de Maná cuesta 24. ¿Es que no existe la justicia en el mundo? En una de las estaciones virtuales de búsqueda y escucha de discos encuentras un recopilatorio extraño de Soda Stereo... recuerdas que fue en New York, hace casi 20 años, que ellos grabaron el Doble Vida. Dejas que suene a todo volumen "Lo que Sangra" antes de salir de la tienda. Te encabrona un poco que la experiencia de comprar música sea como la de ir a un supermercado, que ningún empleado sepa lo que buscas, que no sea como hace años.
Vas a Times Square y tomas las obligatorias fotos de noche. Broadway está hirviendo de turistas que entran a los teatros. Tu hermano está buscando unas gafas de sol y preguntas por ellas en un carrito callejero. Como no compras nada, el vendedor te dice: Si no quieres las gafas, tengo algo mejor... cocaína. Y ahí piensas en tu país, y en toda la gente que ha muerto o se ha vendido para que este tipo te esté ofreciendo cocaína en un viernes cualquiera, en una calle cualquiera de Manhattan. Sientes un deseo inmenso de golpearlo, pero serías tú y tus dos socios contra tres negros gigantescos. Te tragas la rabia y de corazón lo maldices mentalmente.
Paras a comer falafel en un puesto callejero. Es un descanso. Los tres se miran y sienten que lo han logrado, que sobrevivieron y que se lo merecen. Nadie dice nada.
Es casi la media noche cuando entras en tu habitación. Prendes el televisor y están pasando Seinfeld. Te da risa. ¡Qué final más adecuado! Tu show de TV favorito en el lugar que retrata.
Das un último vistazo por la ventana con la maleta ya empacada. Estás parado en pantaloncillos junto a la ventana de la habitación 906 del Hotel Roosevelt, en la esquina de la avenida Madison con calle 45. Miras al cielo y quisieras hacer de ese momento una eternidad. Miras al cuarto de la chica desnuda y la cortina está cerrada. Ya te lavaste los dientes. Puedes meterte a la cama.

XI
14-07-07
El sol no ha salido aún. Tomas el carro que te llevará de vuelta al aeropuerto JFK. Al cruzar los puentes que te sacan de Manhattan empieza a amanecer. No quisieras irte. Te preguntas si tu novia te habrá extrañado realmente o si habrá descansado de ti. Quisieras cerrar los ojos y despertar junto a ella en tu cama, en Bogotá, regresar instantáneamente al estado mental que es la capital colombiana, pero sabes que New York va a quedarse en un tu cabeza durante unas semanas.
El carro se acerca a la puerta de ingreso de Avianca.
Hacer el registro es triste... como despertar de un buen sueño.

Tres Noches en Nueva York II

 IV
12-07-07
Te perdiste el amanecer neoyorquino porque el sueño te mantuvo en cama hasta que una llamada telefónica excesivamente insistente te hizo despertar.
        Sí, mamá, estoy bien, lamento no haber llamado.
Te bañas y sales a dar una vuelta que te lleva a una tienda de regalos. Compras las postales, un librito de gatos para tu novia, un par de camisetas. Después del desayuno en Subway's te vas a la tienda de Gibson con tus socios. Pasas por la quinta avenida, el Rockefeller Center, atraviesas Broadway, caminas tanto que los pies te duelen.
Los legendarios estudios "The Hit Factory" se están convirtiendo en un edifico de apartamentos lujosos y lamentas haberte perdido la oportunidad de conocerlos. Dos puertas más adelante está la oficina provisional de Gibson en New York. Entras, saludas, te presentas a todo el mundo y después del protocolo te conducen a un cuarto lleno de guitarras. Te sientes como un niño encerrado en una juguetería. Las quieres todas, colgártelas todas, pasar tus dedos por todos y cada uno de los trastes. Docenas de guitarras maravillosas están alineadas cuidadosamente frente a tus ojos. Alguien te recuerda que el caso es de afán y entonces escoges una Epiphone de tapa arqueada. Es amarilla y grande. Tal vez más de lo que quisieras. Y empiezas a lamentar haber escogido ese "guitarrón" cuando tienes que caminar con él de regreso hasta el hotel.
No hay tiempo para el almuerzo aunque tienes muchísima hambre. Sientes que el sol te ha calcinado la frente. Tomas un taxi que te lleva a las oficinas de la Revista Billboard. Tú y tus amigos empiezan a servir el nerviosismo propio de los instantes previos a un show.
V
12-07-07
El sol ha menguado. Sientes como si salieras de una nube o un agujero negro de tu memoria. Acabas de tocar en la revista Billboard que es algo así como la Biblia de la industria musical. Tomaste café, charlaste con los periodistas… tú  y tus amigos se defendieron sólo con sus voces y ese guitarrón Epi. Los periodistas quedaron maravillados, o por lo menos eso trataron de hacerte entender (en Inglés y en Español).
Tomas el subway y te vas a devolver la guitarra.
VI
12-07-07
Después de un descanso breve y libre de la presión del show te vas de nuevo al Soho, al mismo bar de la noche anterior (SOB's). Una banda increíble llamada Bengala está apoderada del escenario. Bajas al backstage y das una entrevista larga para un canal de TV. Al subir, estás aullando por una cerveza fría y Pacha Massive está en escena. La belleza de las dos mujeres en tarima es increíble. La testosterona se te sube a la cabeza por primera vez en Nueva York. Luego Nicole se sube al escenario y todo a su alrededor es silencio. Esa mujer es la personificación de la belleza con la que soñabas hace tiempo, es dueña de unos ojos azules increíblemente profundos y tiene una quijada perfectamente delineada.
Nicole se defiende del público sólo con su voz y una guitarra negra de doce cuerdas. Le tomas fotos como un turista japonés en Times Square. Cuando se baja del escenario le hablas. Tú y tus amigos se toman una foto con ella y por unos segundos ese mito se vuelve persona. Una persona hermosa y frágil con un marcado acento chileno. Después del show de Ricardo Lagos sales a la calle. Serán poco más de las 9:00 pues la noche no ha caído del todo. Tus amigos se van a comer pizza mientras tú entras a otra tienda de regalos. Ves un prendedor en forma de C y te preguntas si tu novia lo usaría. Te preguntas si realmente valdrá la pena comprarlo. Repites tu sobrenombre despacio: Cosmo. Piensas en el significado de la letra C en tu vida…piensas en otro nombre que empieza con la C. Es como si el prendedor te hablara. ¡Es un dilema!
Minutos más tarde estás en otro subway, luego caminas por el borde del barrio chino y después entras al Bowery Ballroom, que es uno de los mejores escenarios cerrados que hayas visto.
Panda está desbaratando a los asistentes. Una multitud de chicos de fenotipo mexicanos se muelen a golpes entre el público. Si tuvieras sombrero te lo quitarías… ¡qué banda!
Un show de hip hop que no te cala (como es usual) y aprovechas para acercarte a la barra por más cerveza. El calor no cesa. Después se sube al escenario la Mala Rodríguez y tu percepción del hip hop latino cambia por completo. Quedas tan encantado que al salir del bar compras el disco de la Mala, que están vendiendo a la salida en un carro todo traqueto que espera por ella… "Mírame a los ojos si me quieres matar…"
Tu hermano está borracho porque una bar tender se lo quiere conquistar a punta de whiskey y vodka gratuitos. Sebastián se está quedando dormido. Logras reunirlos después de un rato y se meten a la estación de metro más cercana. Son casi las 3:00 a.m. y los trenes pasan muy esporádicamente. Un grupo mexicano llamado HummerSqueal saluda a Gatoblanco y le da indicaciones de cómo llegar al hotel. Gatoblanco se equivoca en el segundo trasbordo y ya son casi las 4:00 a.m. Ahora estás en Brooklyn con tu hermano borracho y risueño y tu socio ardiendo de la rabia.
Te relajas: "En algún momento pasará el tren que nos lleve de vuelta a Manhattan".

Tres Noches en Nueva York I

 I
11-07-2007
Imagino que ya lo habrás escuchado y no sé si ya te lo habré escrito en una de las postales que compré. La belleza de la arquitectura de esta ciudad sobrepasa lo que se puede imaginar antes de venir. Será porque nunca he estado en Europa, creo. Lo primero y único que puedes ver al sobrepasar el manto de nubes es un montón de casas de los suburbios. El avión gira violentamente como si estuviera amarrado por una de sus alas y sus llantas chocan violentamente contra la pista del JFK. Piensas en los Beatles sintiendo un nerviosismo extraño en 1964. Piensas en John Lennon que a su vez piensa en su llegada al aeropuerto 16 años después, mientras mira al Central Park. Piensas en U2 tocando esa canción de los Beatles en el 87, y mientras tanto el paisaje que viaja por tu ventanilla se desliza más despacio hasta convertirse en un viajecito lento en el que no hay nada más que grandes aviones descansando en tierra y carritos cargueros conducidos por personas que tienen que soportar el horrible sol de verano para llevar el sustento a sus casas. "Como es aquí es allá, como es arriba es abajo", piensas. Pensás que sería bonito conocer Harlem mientras cruzas por la puerta del avión, que ahora está ambientado por una musiquilla tropical muy maluca. El ambiente artificial, la frescura controlada, dan paso al calor insoportable, a la pesadez del aire y un tipo de color te dice en el pasillo con un acento muy particular:
-Welcome!
Y ahora estás esperando atención por la gente de inmigración. Se te hace natural, aunque aún impactante, la cantidad de idiomas que se oyen en la fila. Fuera de tu avión de colombianos hay uno que acaba de desempacar un montón de judíos, otro que soltó surafricanos y otro jamaiquinos. El oficial de inmigración es un tipo oriental joven de apellido Chu. Te imaginas cómo lo hubiesen molestado en el colegio si hubiese estudiado contigo en el LANS. "Pídale el lápiz Achú. Pásele el balón Achú. Vamos para la casa del chino… ¡Achú!"
¿Que qué vamos a hacer?
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Recibes los sellos en tu pasaporte, pero nunca escuchas el "Welcome to the United States" que ves en las películas. Del bus que te lleva al centro no hay mucho que rescatar. Tienes sueño y sientes que aún no has aterrizado, así el avión haya tocado tierra una hora antes. No te sorprenden los soldados armados y vestidos a la usanza de Irak, ni las casitas suburbanas, ni el paisaje veraniego, ni el cementerio que se extiende a tu derecha.
Pero de pronto aparece frente a ti la isla de Manhattan y tu cabeza aterriza en la ciudad de Nueva York. Llevas la cámara de video encendida, así que podrás reproducir esta sensación en el futuro. Quisieras que una mujer estuviera contigo, pero dudas que tu mujer llegara a emocionarse tanto como tú. Compartes tu alegría con tus dos compañeros de ruta. Pensás en U2 y en su deslumbramiento neoyorkino, pensás en Soda Stereo. No te caben en la cabeza o en los ojos tantos edificios bonitos. Cruzas el túnel por debajo del río Hudson y al emerger de nuevo piensas que el Midtown de Manhattan es el lugar más estéticamente coherente que has visto en tu vida (porque no has ido a Europa, tal vez), sin los contrastes que hay en la ciudad en la que estás viviendo ahora. Te bajas cerca de la Grand Central Station para buscar el hotel a pie. Te acuerdas del centro de Bogotá o el de Medellín y la verdad es que tienden a parecerse a New York. La diferencia está en que aquí te sientes seguro, aunque arrastres una maleta, tengas la cámara en la mano y cientos de dólares en los bolsillos. Ves la cara de esa chica en cada edificio bonito en Manhattan. Tienes la plena seguridad de que el tiempo no te va a alcanzar para todo lo que quieres hacer.
Registrarte en el hotel y en la conferencia es un trámite sumamente aburrido. Has sudado demasiado, madrugaste muchísimo, el calor no se siente pero sabes que afuera es un infierno. Un tipo de una banda de Memphis, Tennessee, dice que ha escuchado tu música y aunque te resulta difícil de creer agradeces sus buenos comentarios. Y piensas en Elvis. Piensas mucho en Elvis al abrir la puerta de tu habitación.

II
11-07-2007
Tú que prefieres la noche y el frío, has escuchado cuentos espeluznantes acerca de este verano. Cuentos que hablan de gente en bermudas y soles caniculares. Te asomas a la ventana de tu habitación y ves que está lloviendo. La ventana de en frente muestra una cama desordenada, de la que súbitamente se levanta una mujer semidesnuda que te mira sin inmutarse. Se acerca a la ventana pero no cierra las cortinas. Mira hacia fuera y como tú se da cuenta de que está lloviendo. Va hacia otro lugar de su cuarto y regresa a la cama desnuda, para acostarse de nuevo y mirar hacia el televisor. Hay que salir ya y está lloviendo. A lo mejor los cuentos de calor infernal no son ciertos, así que tomas la precaución de llevar contigo una chaqueta. Sales del hotel y a pesar de la lluvia el aire sofoca: Summer rain, piensas.
Vas a comer pizza a un lugar X, pues no pruebas bocado desde el desayuno del avión. Caminas hasta Times Square y tomas las primeras fotos. La humedad te impregna todo el cuerpo y, sin embargo, eres feliz. Luego, al entrar a la estación del metro, ya no hace calor… es el infierno de Dante. Tomas el tren y emerges de nuevo en el SoHo y son casi las 8:00 p.m. cuando entras a un bar atestado de gente que quiere conocer otra gente, músicos que quieren hacerse oír, chicas con cara de querer engancharse algún rockero. Afuera el sol no se ha puesto y tu cerebro tropical piensa que si es así, es muy temprano para empezar con la cerveza. Sin embargo te acercas a la barra. Todos piden algo y brindan por su primera noche en New York.

III
12-07-07
Caminaste lo indecible. Has visitado dos bares y has tomado mucha cerveza. Has visto casi una decena de artistas en vivo. Completas 22 horas despierto que incluyen 6 de viaje y 4 de fiesta. Tu cuerpo no da más. Quieres dormir y te asustas porque es tarde para volver al hotel. Sin embargo la información de tu guía te tranquiliza: El "subway" nunca duerme. Vuelves a bajar al infierno y ahora los trenes pasan muy esporádicamente. Dos ratas inmensas se pelean entre los rieles. El sueño te vence y la cabeza empieza a caerse una y otra vez. Minutos más tarde estás en el hotel.
La chica desnuda ha cerrado sus cortinas.

A los 25


Manizales, agosto 23 de 2007 - jueves

Asisití a un matrimonio en guayabera. 
Vi a Roger Waters en vivo. 
Toqué tres shows en un sólo día. 
Conocí New York gracias a mi trabajo. 
Me tomé unas fotos frente al edificio Dakota. 
Acompañé a dos de mis mejores amigos en el doloroso trance de la muerte de sus mamás.
Publiqué un disco en Colombia y Estados Unidos. 
Me escuché por primera vez en radio en Bogotá. 
Viví por primera vez con una pareja. 
Escribí un montón de nuevas canciones que me hicieron recuperar la excitación del compositor. 
Vi a Babasónicos aunque tuviera gripa y fiebre. 
Por el bien de los dos, decidí separarme de la mujer de mi vida. 
Logré (por fin) mi independecia económica. 
Lloré abrazado con mi hermano en el concierto de Cerati en Bogotá. 
Charlé con Nicole y DJ Toy. 
Compré la boleta para ver a Soda Stereo. 
Por unos segundos fui Spiderman.

jueves, 3 de junio de 2010

¿Y quién dijo que perdimos?



Lejos de desanimarme, la votación de más de tres millones de ciudadanos alcanzada el domingo pasado por Antanas Mockus me da felicidad, ya que hace cuatro años fuimos menos de 150.000 los votantes que confiamos en él.
Yo creo en los procesos a largo plazo, pero también creo que entre el continuismo y el enquistamiento en el poder existe una barrera mínima y esa barrera se borró con la re-elección de Uribe.
Los colombianos parecemos querer hacer caso omiso a los escándalos gravísimos que salpican al gobierno de Uribe: seguimientos ilegales a opositores y periodistas, ajusticiamiento a civiles inocentes y hostigamiento al poder judicial son razones más que suficientes para convertir al gobierno que termina en un recuerdo ingrato. Nixon renunció por mucho menos. El gobierno de Samper fue inviable por mucho menos.
Sin embargo, insisto, somos muchos los colombianos que despertamos de ese sueño, de esa ceguera absurda derivado de la simpatía hacia un caudillo y escogimos votar por Antanas Mockus, por Rafael Pardo, por Germán Vargas Lleras y Gustavo Petro el pasado domingo 30 de mayo.
Votar es hacer un acto de fe. Tratar de imponer por medio del sufragio la opción que uno considera ideal es como tratar de convencer a una mujer de que se empareje con uno. Uno hace todo lo posible por demostrar que es la mejor opción, pero no puede perder de vista que ella es autónoma y puede preferir salir con el patán, con el hampón o con otro buen tipo (eso sí, nunca tan bueno como uno).
Los millones de votos conseguidos esta semana son un bonito despertar, son la señal evidente de que millones de colombianos queremos educación y creemos en la honestidad como la vía para lograr las cosas. Probablemente nuestra Colombia clientelista, mal educada, corrupta y fácil (y no hablo de los políticos, hablo de los votantes) elija seguir la misma línea y emparejarse cuatro años con el títere mañoso del “ex” hampón. No importa. Sentaremos masivamente nuestra voz de protesta por medio del voto y nos ganaremos el papel de opositores, mientras el agotamiento hace su trabajo y llega a convencer al 50%, mientras el país se deshace o mientras llega el apocalipsis de Juan y de Los Mayas. Yo siempre voy a ver el vaso medio lleno y siento que estamos dando los primeros pasos hacia un futuro mejor.

martes, 1 de junio de 2010

Pola

Agosto 9 de 2007

Capítulo 27 - Fragmentos
 

-Oh, Pola - dijo la Maga-. Yo sé más de ella que Horacio

 -¿Sin haberla visto nunca. Lucía?

- Pero si la he visto tanto -dijo la Maga impaciente- Horacio la traía metida en el pelo, en el sobretodo, temblaba de ella, se lavaba de ella

- Etienne y Wong me han hablado de esa mujer- dijo Gregorovius- Los vieron un día en una terraza de café, en Saint-Cloud. Sólo los astros saben qué podía estar haciendo toda esa gente en Saint-Cloud, pero así sucedió. Horacio la miraba como si fuera un hormiguero, parece.

(…)
 
-Supongo que buscamos algo así, pero casi siempre nos estafan o estafamos. París es un gran amor a ciegas, todos estamos perdidamente enamorados pero hay algo verde, una especie de musgo, qué se yo. En Montevideo era igual, una no podía querer de verdad a nadie, en seguida había cosas raras, historias de sábanas o pelos, y para una mujer tantas otras cosas, Ossip, abortos, por ejemplo. En fin.

- Amor, sexualidad ¿Hablamos de lo mismo?

-Sí - dijo la Maga-. Si hablamos de amor hablamos de sexualidad. Al revés ya no tanto. Pero la sexualidad es otra cosa que el sexo, me parece.
(…)

-Probablemente Horacio buscaba en Pola algo que usted no le daba, supongo. Para traer las cosas al terreno práctico, digamos.

-Horacio busca siempre un montón de cosas- dijo la Maga-. Se cansa de mí porque no sé pensar, eso es todo. Me imagino que Pola piensa todo el tiempo.

-Pobre amor el que de pensamiento se alimenta - citó Ossip.

- Hay que ser justos- dijo la Maga-. Pola es muy hermosa, lo sé por los ojos con que me miraba Horacio cuando volvía de estar con ella, volvía como un fósforo cuando se lo prende y le crece de golpe todo el pelo, apenas dura un segundo, pero es maravilloso, una especie de chirrido, un olor a fósforo muy fuerte y esa llama enorme que después se estropea. Él volvía así y era porque Pola lo llenaba de hermosura. Yo se lo decía, Ossip, y era justo que se lo dijera. Ya estábamos un poco lejos aunque nos seguíamos queriendo todavía. Esas cosas no suceden de golpe. Pola fue viniendo como el sol en la ventana, yo siempre tengo que pensar en cosas así para saber que estor diciendo la verdad. Entraba de a poco, quitándome la sombra, y Horacio se iba quemando como en la cubierta del barco, se tostaba, era tan feliz.

(…)

-Y Pola estaba ahí cuando él entraba, y en su manera de mirar, y cuando Horacio se desnudaba ahí, en ese rincón, y se bañaba parado en esa cubeta, ¿la ve Ossip?, Entonces de su piel iba saliendo Pola, yo la veía como un ectoplasma y me aguantaba las ganas de llorar pensando que en casa de Pola yo no estaría así, nunca Pola me sospecharía en el pelo o en los ojos o en el vello de Horacio. No sé por qué, al fin y al cabo nos hemos querido bien. No sé por qué. Porque no sé pensar y él me desprecia, por esas cosas.

Para Lucas



Bogotá, febrero 2 de 2007

Sábado 1 de febrero de 1997

Interior Noche

Estoy en la sala de mi casa, vestido de corbata como no acostumbro hacerlo. Me llamas y me dices que todos están reunidos en Las Colinas; que estás en un teléfono público en la avenida y que quieres estar con tus amigos, que estás contento. Te digo que estoy cansado, que acabo de llegar del matrimonio de una tía y que quisiera meterme a la cama y dormir hasta el lunes. Me dices que no sea aguafiestas, que justo esa tarde te compraste esos discos de los Beatles que te había recomendado y que no has escuchado nada mejor en tu vida, que estás contento, que por primera vez en semanas estás contento y que quieres ver a todos tus amigos. Te digo que será mañana, que nos tomemos una cerveza en la tarde. Me dices que a lo mejor te vas de viaje, de paseo; que todos están juntos y que sólo falto yo. Te digo que me da pena, pero que no voy a ir. Me dices que está bien y te despides con un "Hablamos mañana".

Domingo 2 de febrero de 1997

Interior Día

No encuentro las lágrimas. Se me han perdido. Todo sucede tan rápido que no alcanzo a darme cuenta. Marcelo se me acerca cuando estoy en la capilla. Tiene una pequeña herida en la mano. Guardamos silencio. Me dice lo que yo ya sé, que todo ha pasado muy rápido. Que la mañana estaba soleada como lo está la tarde, que cuando paraste a tanquear la moto le pasaste a él tu casco y que de ahí en adelante aceleraste como loco, como sabías hacerlo. Que cuando todo se salió de control él salió volando hacia un costado y tu seguiste deslizándote por el suelo con la moto entre las piernas. Que tu cabeza se estrelló de frente contra un jeep que subía a toda velocidad. Que no hubo gritos, que no hubo dolor ni largas agonías. Que te quedaste tendido en medio del pavimento. Marcelo tampoco encuentra sus lágirmas. Salimos de la capilla a la cafetería y nos tomamos un tinto.

Lunes 3 de febrero de 1997

Exterior Día

Hoy el sol no se ha asomado. La tarde es una nube gris inmensa, una constante amenaza de lluvia. Es el primer día de mi último año en el colegio y no voy a clase sino al cementerio. Me pongo de nuevo la corbata y el vestido que no alcancé a lavar. El padre rector oficia la misa. La banda (tu banda) lo acompaña y el nuevo primer trompetista toca para su predecesor un minuto de silencio. Tus tíos y no sé quién más se han echado al hombro tus restos. Nosotros estamos viéndolo todo de lejos. Cuando empiezan a echar tierra sobre tu ataúd logro llorar por primera vez. No puedo creer que a los 15 años ya tengas una tumba. Nos vamos a casa, estamos todos en alguna calle de Chipre y alguien se acerca a decirnos que tu mamá quiere vernos.

Interior Noche

No es la noche propiamente, es el atardecer, la penumbra. No hay energía eléctrica en Chipre y tu mamá está sentada en tu cama. Nosotros llegamos al cuarto y saludamos. Ella nos dice que no nos vayamos, que no la dejemos sola, que nosotros éramos tus hermanos y que ella no quiere sentir esa casa vacía, que no nos vayamos nunca. Y cierro los ojos y han pasado los años y no puedo dejar de preguntarme cómo hubieran sido las cosas si no hubieras muerto, sómo sería tu cara a los 25, si seguirías tocando, si nos seguiríamos viendo. Y encuentro mis lágrimas de nuevo, y de nuevo estoy en tu cama. Y es como si no me hubera ido. Como si no me hubiera ido nunca.

Ocho Anotaciones a mi "Autobiografía Paranoica"

Bogotá, enero 6 de 2007
1. En 1997 participé por primera y última vez en una contienda política, convirtiéndome así en el personero estudiantil del Liceo Arquidiocesano de Nuestra Señora (mi colegio). Armé un concejo estudiantil y organizamos una jornada de boicot a la cafetería de bachillerato para que rebajaran los precios. Creo que el dueño todavía me odia...
2. Siempre me han gustado los gatos. Pero mi fascinación comenzó el día que, accidentalmente, atropellé uno con el carro de mi mamá. Yo iba a una velocidad muy moderada por la avenida que del Terminal de Transportes de Manizales conduce a Villa Pilar, más o menos hacia las diez de la noche. Era un gato pardo, atigrado, más bien grandecito. Se apareció de la nada, saltando del sardinel a la calle. Por un breve instante lo vi mirándome aterrado. Traté de hacer que el carro le pasara por encima sin tocarlo, pero él salió corriendo de nuevo hacia el sardinel. Sentí cómo pasó por debajo de las dos llantas del lado izquierdo y cuando miré por el retrovisor, estaba inmóvil. Esa noche no pude dormir. Una semana más tarde conseguí a Fiona, mi primera gata.
3. En mi infancia sufrí de bronquitis, rinitis, principios de asma y anemia. Fui un niño muy enfermizo. A lo mejor por eso soy tan chiquito.
4. Aunque no lo crean, madrugué a ver el funeral de Lady D, y me quedé despierto para ver el de Juan Pablo II.
5. No quiero que el mundo se acabe, pero me parecería fantástico formar parte de la generación del Apocalipsis.
6. A finales de 1999 una bruja me dijo que la mujer de mi vida llevaba marcada la letra C. Desde entonces Cristinas, Claudias, Catalinas, Camilas, Carolinas, Cecilias y demás mujeres cuyo nombre empiece por C se me hacen más interesantes que las demás y procuro nombrar a mis guitarras usando la letra C. Yo a esa bruja le creo. Es la única persona que me ha hablado de secretos que ha nadie le he contado ni le contaré nunca. No volví a visitarla porque hoy hace parte de la lista de prófugos de la justicia colombiana. Mi sobrenombre, que también empieza por C, surgió en una fiesta increíble con Camilo Mateus, a.k.a. WonderUomo.
7. Me encanta regalar flores, escribir cartas a mano, deslizarme en medias por mi casa, acostarme sobre el piso frío a mirar para el techo.
8. Mi primera novia me quitó el vicio de comerme las uñas.

Autobiografía Paranoica en Diez Episodios

El rescate de textos continúa. Encontré que en mi blog de MySpace había cosas que salvar. Al parecer, abrí mi primer blog motivado por un deseo de narrar, derivado de una sensación extraña de que iba a morir pronto.

Diciembre 27 de 2006 - Miércoles - 3:19 am

No sé por qué hoy me levanté pensando que me voy a morir en cualquier momento. Y es cierto. No es que crea que voy a morir pronto, pero voy a morir en cualquier momento. Vamos todos a morir en cualquier momento. Así que decidí que no me acostaría hasta escribir una autobiografía. Pero ese ejercicio no es nada fácil. Es más… es un ejercicio estúpido y ególatra. Así que antes de que me venza el sueño quiero escribir una autobiografía reducida a su mínima expresión; para minimizar así también mi estupidez y mi egolatría.
Y es uno de mis propósitos para el 2007 organizar un testamento. Eso sí es un ejercicio menos imbécil. Por ahora les dejo mi breve historia por si nunca puedo contárselas personalmente y les deseo de todo corazón que pasen un feliz año nuevo y que tengan una buena vida. Esta es mi forma de presentarme ante ustedes.

Autobiografía Paranóica en Diez Episodios

I
Nací en algún cuarto de la Clínica de la Presentación, en la ciudad de Manizales el sábado 22 de agosto de 1981. Eran casi las 5:00 p.m. y mi mamá, como toda madre primeriza, se tomó un buen rato en terminar su trabajo de parto. Ella dice constantemente que soy el bebé más horrible que ha visto en toda su vida; que nací hinchado y con un tono violáceo en mi piel, como si me hubieran apaleado los subordinados de un gángster. Eso sí, con las manos y los ojos bien abiertos. Con el tiempo me fui arreglando y me convertí en un niño más o menos bonito; pero en la adolescencia volví a dañarme. No soy decididamente feo, pero tampoco un modelo que enamoraría a Leonardo Da Vinci. Da igual, al fin y al cabo el empaque es lo de menos y el contenido, a mi juicio, es medianamente bueno.

Y fui bautizado, como casi todos los niños en este país, por la iglesia católica. Sin embargo muy pocas personas me llaman por mi nombre. He tenido un montón de sobrenombres a lo largo de toda mi vida. Sobrenombres que no vale la pena mencionar. En el colegio, en el ejército, en la universidad, en la banda… todos me llaman de un modo distinto. Pero el cura y mis papás decidieron llamarme Juan Sebastián Naranjo Ramírez. No importa… "Cosmo", está más que bien.

II
Mi infancia fue feliz. Excesivamente feliz. Ni una cantidad exorbitante de dinero, ni la mujer más maravillosa del mundo, ni todos los vicios, ni todo el conocimiento me van a hacer tan feliz como lo fui de niño. No teníamos dinero (ni lo tenemos ahora) pero éramos felices. Muy seguramente cuando muera se me van a venir a la cabeza un montón de imágenes, y la más cálida, la más placentera será la de estar caminando por Chipre con mi papá y mi mamá que por esos días contaban con veintitantos años y tenían toda la energía y la dedicación para enseñarme cosas.

III
Como me cansé de jugar con mi sombra y mi amigo imaginario, antes de cumplir tres años tuve una conversación determinante con mis padres, en la cual les solicitaba que me dieran un hermanito para jugar fútbol. El 11 de enero de 1985, en plena Feria de Manizales nació Manuel y entonces entendí lo que es el milagro de la vida. Él ha sido desde siempre mi mejor amigo; y como fuimos tan malos para el fútbol y en mi casa la música nunca faltaba, terminamos convertidos en artesanos del sonido. Cada uno empezó a experimentar con distintos instrumentos. En 1999, junto a Sebastián García formamos una banda que años después se llamó Gatoblanco (así como lo ven… dos palabras pegadas convertidas en un solo nombre, como cuando la gente dice Fernandolópez o Natibotero).

IV
Antes de entrar al jardín infantil, en 1986, ya sabía leer. Mi mamá era un ama de casa muy joven y yo era su juguete. Así que aprendí a leer antes que todos mis amigos. La literatura, la escritura, la palabra; me lo han dado casi todo. Las revelaciones más grandes, las mejores experiencias a solas, los argumentos que he defendido. Será tal vez por eso que estudié Comunicación Social y no Música. Porque creía que la palabra escrita sería mi sustento. La prosa me ha servido para conquistar mujeres (no muchas), ser nominado a un premio de periodismo (que no incluía dinero en efectivo) y convertirme en un estudiante destacado de mi facultad. Pero cuando me di cuenta que iba a ser bueno para la prensa ya era demasiado tarde: La música era más importante que cualquier otra cosa en mi vida.

V
Aunque ningún deporte me apasiona, fue también en 1986 que supe que siempre iba a preferir a la selección Argentina por encima de la colombiana y al América de Cali antes que al Once Caldas. Así es el amor, si es que uno ama cosas tan triviales como un equipo de fútbol; es diferente el amor filial que uno siente por la mamá al apasionamiento inevitable que despierta una amante.

VI
Desde 1987 hasta 1997 estudié en el Liceo Arquidicesano de Nuestra Señora, un colegio masculino que por aquel entonces era el mejor de la ciudad. Un colegio estricto donde lo importante era rendir y donde los estudiantes se medían por su puntaje en las pruebas del Icfes. Por eso, cuando recibí los resultados que nadie esperaba (373 puntos sobre 400) los profesores estaban seguros que de mí iba a salir un médico o un ingeniero. Pero mis compañeros, mis amigos de toda la vida (mis otros hermanos) siempre supieron que lo mío era otro rollo.

VII
En 1989, en una izada de bandera en el colegio, descubrí el rock en español cuando compañeros de otros grados hicieron una serie de fonomímicas (prefiero la palabra doblaje) de algunos temas de moda. Y eso cambió mi vida. Empecé a interesarme por lo que sonaba en la radio, por la música que escuchaban mi tía y mis primas que eran adolescentes. Ahí supe de Soda Stereo, Los Toreros Muertos, Los Prisioneros y tantos otros grupos que las enloquecían a ellas. Por primera vez me interesé en la vieja guitarra que tenía mi papá (que aún conservo) y supuse que hacer música era muy divertido.
Me subí por primera vez a una tarima en 1991. El colegio había organizado un concurso de fonomímica (prefiero la palabra doblaje) y yo me animé a participar. Vestido de mariachi, con un bigote postizo y una pistola de juguete interpreté "Ay, Chabela" (de Antonio Aguilar) y me gané $3.000 pesos, pues tuve que compartir el primer lugar con otro concursante. Mi profesor de música me llevó a repetir el acto para los estudiantes de bachillerato y luego al colegio del Rosario y a Los Ángeles. Ahí también aprendí que el público femenino es infinitamente más agradecido que el masculino.

VIII
El bachillerato fue una interminable sucesión de fracasos amorosos. Todas las niñas me querían como su mejor amigo y nada más. Fue por eso que empecé a escribir y a hacer música. Bueno, por eso y porque mis papás se separaron justo después de que mis hermanas (las gemelas Paula Andrea y Luisa María) nacieran en enero de 1993. Mis poesías (debo decir popoesías) fueron publicadas en el periódico del colegio y mi gusto por los idiomas, las ciencias sociales y las artes iba creciendo en un sentido inversamente proporcional al de la matemática y sus derivados. Años después la matemática y yo hicimos las paces, cuando empecé a entender que ella es la clave de todo lo que es bello en la música.
Hacia 1995 ya era un comprador de discos consumado. Los Beatles fueron mi mejor compañía durante esos fracasos sentimentales e hicieron que la salsa pasara a un segundo plano en mis intereses musicales. Me picó el bicho del Rock and Roll y aún estoy intoxicado. También en 1995 cometí el peor error de mi vida: No fui a ver a Soda Stereo que estuvo en la plaza de toros de Manizales, simplemente porque estaba resfriado. Cada día lo lamento. Debí haber ido, que aunque hubiera sufrido una pulmonía bien habría valido la pena.

IX
1997 ha sido hasta ahora el año más intenso de mi vida. Fue mi último año de colegio, conocí de cerca el dolor a través de la muerte de uno de mis mejores amigos y mi primera novia, conocí a la mujer con la que planeo tener hijos algún día y a mi otro socio creativo (Sebastián García) en el lugar más inverosímil e inimaginable: El ejército nacional.

X
De ahí para adelante mi vida ha estado marcada por el ejercicio musical. En 1998 formamos el GEOS (Grupo Especial de Operaciones Sicológicas) que no era más que un grupo de rock formado por algunos soldados del sexto contingente de mil novecientos noventa y siete del Batallón de Infantería Nº 22 "Ayacucho" que iban a tocar a todos los pueblos de Caldas con tal de escapar, aunque fuera por un rato, de los rigores del frío y la soledad que habitaban en los puestos de guardia. Al año siguiente empecé a tocar con Sebas y con Manuel. En 2001 escribí por primera vez una canción… y era horrible. Pero supe que si continuaba como iba, mi grupo se haría más importante que mi carrera en la universidad. En 2003 decidí mudarme a Bogotá (mi otro amor, una ciudad increíble) y poner la carne en el asador con Gatoblanco. Llegué sin nada, sin conocer a nadie, sin haber escrito nada bueno y sin tener un rumbo claro. Sólo tenía a mis dos socios y las ganas de "lograrlo o morir en el intento".
Aposté mi vida.
Y la apuesta continúa.