lunes, 28 de marzo de 2011

Esperando el Apocalipsis

Fumábamos mucho, como si eso nos diera la habilidad de redactar mejor, de diagramar la página de forma más creativa o de sacar un chiste más ingenioso para reducir el espacio de "Yuly la muy Buenona". Cuando nos cansábamos íbamos por agua al baño y cargábamos de nuevo la cafetera o pasábamos al cubículo de enseguida a charlar con Adri.
   - Podri - me decía Laverde - camine hagámosle visita a la estrogenuda de Adriana - y con semejante invitación tan cariñosa y respetuosa era imposible decir que no.
El Observatorio de Medios de Comunicación era el templo de lo desconocido. El estudiante que hiciera su prepráctica allí sería, sin duda, recordado para siempre como el ñoño máximo de su generación. Adriana parecía estar predestinada al observatorio de medios desde el primer semestre, cuando todos notamos que las teorías de comunicación entraban por sus ojos o sus oídos como piezas de un rompecabezas y salían de su boca como un cuento ameno y sencillo.
A Adriana la aterraba la idea de salir de Manizales. Los tres sabíamos que eran nuestros últimos días allí, que era el momento de empezar a cortar ese cordón umbilical invisible que aún manteníamos a los 21 años. Adriana a veces lloraba y por eso Laverde la llamaba estrogenuda. Yo funcionaba como un punto medio de diálogo aún cuando la relación entre ellos siempre fue la más estrecha. Ellos asistieron a los primeros conciertos de Señor Naranja y Adriana me decía que todos teníamos que salir a perseguir el sueño, que un día yo iba a ser un artista, que un día Laverde iba a ser un periodista reconocido, que ella estaba segura de eso. Cuando nos vimos por primera vez en Bogotá Adriana me dijo que estaba harta, que le sabía a mierda tener que tomar dos buses para ir desde la Colina Campestre hasta la Universidad Nacional (en aquel entonces no había Transmilenio por la 30), que estaba desperdiciando su vida en el transporte público, que extrañaba su casa Vernos y salir a recorrer los bares universitarios de Chapinero era nuestra forma de recuperar esa sensación de hogar, los tres éramos familia.
Crecimos y los encuentros se hicieron cada vez más esporádicos. Adriana regresó a la facultad y empezó a hacer ese proceso de deglución y regurgitación de teorías, como una máquina de moler, como un ave alimentando a sus crías en el salón de clase. Unos dicen que es maravillosa y otros que no le entienden nada. La semana pasada publicó su primer libro y a mí se me estaba reventando algo por dentro, se me estaba derramando el orgullo por un triunfo que - sin ser mío - he presenciado desde el inicio.
Ahora que ella está en Athens, Ohio, haciendo un doctorado en comunicación y que Laverde está en Madrid expandiendo sus fronteras como periodista sé que cuando volvamos a vernos todo será igual, como cuando recorríamos bares en Chapinero, como cuando fuimos a un concierto de Cold Turkey y luego a bailar salsa, como cuando nos sentábamos en el Observatorio de Medios a contarnos historias, a imaginar que si Umberto Eco nos conociera diría que somos unos Apocalípticos irremediables, que nunca nos integraremos con un mundo con el que no estamos de acuerdo. Los tengo a dos pulgares de distancia. Puedo tomar el celular y decirles que los quiero, que los extraño y que los admiro cada vez más. ¿Es eso acaso ser un apocalíptico?

domingo, 27 de marzo de 2011

Picnic en el 201


- Salgamos al parque. San Patricio tiene espacios tan bonitos como para sentarnos a la sombra de un árbol a comer frutas y leer juntos. Podemos caminar hasta Santa Paula o hasta Santa Bárbara, dejar que el sol solecito nos caliente un poquito, vivir este periodo de calma antes de la tormenta.
- ¿Cuál tormenta?
- Lo veo venir. Sebastián, Manuel y yo otra vez en el escenario, tocando los sábados - como antes - y convocando gente a la manera Indie, haciendo fiestas privadas, improvisando, llenando bares pequeños en vez de quebrarnos en discotecas trendy. Siendo felices porque tocamos lo que nos da la gana y como nos da la gana y no regalando nuestro sudor, nuestras ampollas y nuestras cuerdas reventadas a las emisoras. Eso siempre termina de la misma manera, uno sale cargado de energía y quiere que la fiesta nunca se termine. Vamos a rematar donde Mateus, vamos a rematar donde 'los gatos', que ahora puede ser el 402 de Manolo, el 418 de Sebas o nuestro 201. Picnic en el 4°B, picnic en el 405 del Torre Santander, picnic en el 301 de Los Ángeles II, picnic en el 301 del Duque, siempre hemos encontrado una excusa para celebrar. Para ese entonces tendremos que incluir en la cesta del picnic dominical cantidades industriales de Ibuprofeno, frutas acuosas o agua embotellada. 
- ...
- Pero te aseguro que valdrá la pena.

jueves, 24 de marzo de 2011

De uno a doscientos

Lucía como algo que no había imaginado, como un pálido fantasma que salía desde la oscuridad de un museo para llevarme a almorzar. Le confesé que estaba perdido, que mi terquedad y mi autosuficiencia no habían sido efectivas para encontrar a tiempo el lugar de nuestra cita. Tratando de superar la incomodidad y la timidez de un primer contacto quise hablar mucho, de cualquier cosa, tratar de dar al ‘cara a cara’ la misma fluidez de las conversaciones sostenidas por otros medios. Lucía como una profesora, como alguien que tiene el conocimiento y el control, como alguien que detrás de sus anteojos te examina y te califica de cero a diez. Sentí la excitación de aquel que tiene en frente un hermoso y deseado objeto de estudio, un sueño distante materializado, un personaje de ficción que por primera vez deja de ser intocable. Quise tener puestas mis gafas oscuras, haber llevado la armadura, ser de nuevo Cosmo DaKitten y no estar desnudo frente a ella, sentirme observado por 50.000 personas frente al escenario en vez de estar expuesto ante sus ojos dulcemente inquisidores. Mi mirada empezó a perderse, a buscar refugio en el paisaje.
Salimos a caminar y compartimos el sol. Lucía segura de sí misma, del compás que iban marcando ella y sus tacones sobre la acera caliente, de los tiempos que cada tanto acentuaba con su mano al subir la tirilla del vestido que insistía en caerse, de su pelo enmarañado, del viento en su cara, de la ciudad que yo apenas recordaba, de la música que se desprendía de su cuerpo mientras yo me sentía tan torpe con la chaqueta en la mano, con mi prevención de tierra fría, preocupado por mi cabellera derrotada por el calor y la humedad. Recorrimos juntos calles por las que yo ya había caminado antes, esculqué en mi memoria y recuperé las sonrisas que años atrás su ciudad me había robado, sentí un cariño inmenso del que no quise hablar. Nos sentamos junto a la puerta de un bar para escuchar el río. Lucía como un guión de película, como un argumento de novela, como la sinopsis de un cuento, como la primera estrofa de una canción, como una mujer que se hacía carne y hueso al contarme historias de su vida detrás de un café, de una cerveza, de una jarra de sangría, de unas tapas, de un plato vegetariano.
Cayó la tarde y con la oscuridad, el frío y la presencia de mis amigos perdí un poco esa sensación de estar jugando de visitante. Lucía como la chica que quería volver a ver al día siguiente para decirle que quería tocarla – pero no me atrevía - , concentrarme en el movimiento de su boca al hablar, en su reacción cuando me escuchara decirle: - “Hoy me gustas más que antes”.
Si un día volvemos a vernos procuraré recuperar la mirada, traerla del paisaje hacia ella, concentrarme en examinarla sin calificarla de uno a diez ni de uno a doscientos, confesarle que de nuevo estoy perdido, que mi autosuficiencia y mi terquedad sirven de poco, que me dan ganas de escuchar su voz de nuevo, de sentarla en el sofá de mi casa, de vencer el miedo escénico que sólo me da por fuera del escenario y tocarle con mi nueva guitarra una canción de Jorge Drexler.

miércoles, 23 de marzo de 2011

La donna è mobile





Mi amigo está casado desde hace unas semanas. No sé si está felizmente casado y no creo tampoco que él lo sepa a ciencia cierta. Cada tanto me llama y su cotidianidad marital, así como mi vida de soltero, hacen parte del menú de conversaciones. Mi amigo escucha con atención mis consejos porque, aunque nunca me ha casado, si viví alguna vez en función del compromiso y de ese engañoso 'para siempre' en el que se basan la mayoría de los matrimonios. Mi respuesta ante sus quejas, ante sus desahogos, ante sus gritos al mundo - mundo que básicamente soy yo - ha sido desde hace tiempo la misma: 
- Las mujeres son para quererlas, no para entenderlas.
Yo sé que es normal pelear por tonterías cotidianas, por pequeñas ridiculeces que con el paso del tiempo se hacen chistes o anécdotas olvidables pero en el momento parecen dramas insalvables que ponen en peligro ese engañoso 'para siempre' en el que se basan la mayoría de los matrimonios y las relaciones de pareja prolongadas; así que trato de minimizar cada uno de esos vendavales domésticos que azotan por temporadas la casa de mi amigo y su esposa.
Siempre que me llama a quejarse, él remata la conversación preguntándome por la mujer que atraiga mi cariño o mi interés en ese momento. En la última llamada, cuando me preguntó por ella, le dije: 
- "Lo que pasa es que las mujeres son más propensas al cambio que nosotros, más sensibles a las mareas, al viento, a las fases lunares y a los ciclos hormonales. Verdi y Piave tenían el asunto muy claro: 'La donna è mobile qual piuma al vento, muta d'accento e di pensiero'. Desde un principio uno debe saber en lo que se está metiendo. Fresco, la homosexualidad debe ser aún más complicada".





La donna è mobile - Rigoletto






La donna è mobile, qual piuma al vento,
muta d'accento, e di pensiero.
Sempre un amabile, leggiadro viso,
in pianto o in riso, è menzognero.
La donna è mobile, qual piuma al vento,
muta d'accento, e di pensier
e di pensier, e di pensier.
È sempre misero, chi a lei s'affida,
chi le confida, mal cauto il core!
Pur mai non sentesi felice appieno
chi su quel seno non liba amore!
La donna è mobile, qual piùma al vento,
muta d'accento e di pensier,
e di pensier, e di pensier!

La mujer es cambiante, cual pluma en el viento,
cambia de palabra y de pensamiento.
Siempre su amable, hermoso rostro,
en el llanto o en la risa, es engañoso.
La mujer es cambiante, cual pluma en el viento,
cambia de palabra y de pensamiento.
y de pensamiento, y de pensamiento.
¡Siempre es desgraciado quien en ella confía,
quien le entrega, incauto el corazón!
¡Aunque nunca se sienta plenamente feliz
quien de su pecho no beba amor!
¡La mujer es voluble, como una pluma al viento,
cambia de palabra y de pensamiento
y de pensamiento, y de pensamiento!

martes, 22 de marzo de 2011

Lo Dudo

Operas, operetas, zarzuelas, obras épicas de rock and roll, baladas de las que canta tu mamá en la cocina al borde de la disfonía, tangos de esos que te enseñó a escuchar tu papá y mucha pero mucha salsa. A veces siento, Juan, que nos faltó mucha música por escuchar juntos, muchas películas por ver en mitad de la semana, muchas temporadas de teatro por criticar. Hoy pasé de nuevo por Aires Argentinos y le pregunté al otro Juan si habías vuelto y me dijo que la carne y el vino se están cansando de esperarte. Tú me enseñaste que suponer es el peor error de todos, me decías una y otra vez que si quería saber algo te lo preguntara de forma franca y directa, que nunca ibas a ocultarme nada y que a cambio esperabas lo mismo. Como levantaste un muro de silencio entre nosotros dos no tengo otra opción distinta a la suposición, preferiría que respondieras cualquiera de mis señales, cualquiera de mis mensajes - uno trivial como "enséñame a hacer crispetas dulces" o uno de los dolorosos como "te extraño" - cualquiera de los puentes colgantes que no puedo sostener de un solo lado.
Hoy me aproveché de la amistad que conservo con Omar, el portero, y entré diciendo que traía la arena para tu gato. Abrí la puerta y vi que Funes estaba muriendo de hambre, así que limpié su plato y su arenera y le dejé agua fresca. Golpeé varias veces la puerta de tu habitación, lo hice con furia, con decisión; te grité desde el otro lado del pasillo que tenías razón, que nada de lo que conozco sería comparable contigo, con verte sonreír, con escuchar las historias que inventabas cuando yo tenía miedo o estaba aburrida. Supongo que supones que no la paso bien, que no fui feliz, que mi gran escape fue sólo un paso en falso. Supongo que sabías que iba a regresar y que estás tratando de darme una lección. Odio cuando te encierras a escuchar una canción una y otra vez. Era José José, supongo que estabas pensando en tu mamá, que estabas acostado boca arriba descubriendo figuras en el techo, que algún día pensabas mostrarme esa versión a la que diste vueltas toda la tarde.
Parece como si de verdad te hubieras decidido a olvidarme, pero como no estoy segura, como no me lo has contado, tengo todo el derecho a dudarlo. Por un momento pensé que habías muerto, que el disco estaba dando una vuelta infinita desde varios días atrás. Si no me respondes a mí deberás decirle a la policía que estás bien, que estás vivo, que no has desaparecido. Si me estás leyendo, perdóname, estoy harta de dudar. Necesito certezas.

Oldest Picture

Hoy lavamos las medias en un platón metálico. La brilladora está llena de autoadhesivos de un pájaro que practica todos los deportes del mundo. Afuera ladra un perro y de vez en cuando se escucha el pito de algún carro. Si alguien me lo preguntara, no sabría decir que estamos en 1984, que la canción que suena al fondo es una balada, que su intérprete es Stevie Wonder, que esa mujer hermosa que se pasea de un lado al otro de la casa limpiando y moviendo cosas tiene 23 años y es mi mamá.

lunes, 21 de marzo de 2011

Closer (Un cuento musical)

"Where am I now?
Oh Baby, where do I sleep?"
Ahí viene la tormenta. Casi siempre llueve después de las tres de la tarde y de las tres de la mañana. Empiezo a acostumbrarme a la rutina de estar completamente solo y escribo estas páginas con una esperanza pequeña de que alguien las encuentre algún día, aquí o en Nashville.
La historia es simple, o prefiero hacerla simple porque el tiempo se agota. Tawnee se fue del bar a media noche, dejando a alguna otra mesera encargada de sus cuentas y de sus propinas. Llevaba semanas diciéndome que estaba harta, pero subestimé todas sus amenazas, todas sus señales. Pensé que me estaba manipulando, como solía hacerlo, para que le prestara más atención. Ustedes saben cómo son algunas mujeres, no tengo por qué explicarlo. Y Tawnee hacía sus pataletas de vez en cuando. No pensé que fuera serio. Llegué a la casa a las seis de la mañana y se lo había llevado todo. Dejó el televisor, el estéreo, el colchón y mi ropa. No me dejó un solo vaso en la cocina, ni un plato sucio, ni siquiera un cenicero. Tiré las cenizas del cigarrillo al piso, me arropé con un par de chaquetas y dispuse a dormir. Tomé el control del estéreo y le di play al disco que ella dejó ahí metido, fuese cual fuese. Estaba triste pero pude dormir sin problemas hasta el medio día.
Al despertar fui a la tienda de Bob, que me preguntó cuál sería mi desayuno y por qué Tawnee no estaba conmigo. –Whisky, le dije. Quiero whisky.
En la noche todos me miraban en el bar como si tuviera la cara llena de plumas, de tatuajes o de pelos de gato. Todos me miraban compasivamente y eso me cabreó aún más que el hecho de no encontrar a Tawnee. La imaginé durmiendo en algún motel de carretera, con sus vestidos apretados entre la maleta de cuero, orinando en un baño de paredes verdes, leyendo la biblia antes de dormir.
Así pasaron las primeras dos semanas. Cada vez dormía menos y siempre le daba play al único disco que Tawnee había dejado dentro de mi estéreo. Un miércoles en que mis ojeras reveleban lo mal que la estaba pasando El Oso me preguntó si estaba bien.
- -       Oso – le dije - ¿No te ha pasado que a veces sientes que estás viviendo dentro de una canción? Es una sensación similar a la de pasar días sin dormir, el tiempo empieza a transcurrir al compás de la batería, el coro te taladra la cabeza sin importar dónde estés, ves las imágenes en las calles. Es una mierda impresionante Oso, muy impresionante.
-        - Sí me ha pasado - me respondió – pero sabes que dejé todos mis vicios atrás hace años.
Ambos nos echamos a reír hasta que las lágrimas nos resbalaban por las mejillas. Saqué unos billetes de la caja e invité al Oso a un par de tragos de whisky. Cuando se acabó el turno me llevó hasta su casa y al bajarme de la moto me entregó una pastilla diciendo: - Necesitas dormir.
Esa fue la primera vez que vine aquí. Fue abrir los ojos y despertar en el suelo de la farmacia que queda junto a Green Lane. Como no entendía nada de lo que estaba pasando me levanté y busqué alguien que me explicara qué era lo que sucedía. Estaba cayendo la tarde y ninguna de las luces se había encendido aún. No parecía funcionar el alumbrado público y no había nadie en la farmacia. Me pasé la noche asustado, temblando de frío y con unas ganas indescriptibles de llorar. Saqué un paquete de cigarrillos y un encendedor del bolsillo. Casi a las tres de la mañana estalló la tormenta. Llovió hasta que me venció el sueño.
Abrí los ojos casi a las cinco de la tarde y salí corriendo para el bar. Le pregunté al Oso qué era esa mierda increíble que me había dado y sonrió.
- -     -  ¿Pensaste en Tawnee?
-          -  No. Estaba muy asustado como para acordarme de ella.
El Oso se rió de nuevo.
      -       Si necesitas otras me lo dejas saber.
Pasaron un par de semanas en las que el sueño era una cosa intermitente. Dormía poco y si dormía mucho dormía mal. Estaba harto de pensar en Tawnee mientras estaba en el bar, parado frente a la caja registradora, mientras regresaba a mi casa en las mañanas, mientras desayunaba a medio día en la tienda de Bob. Le dije al Oso un viernes que quería dormir todo el domingo, que estaba harto. Me dijo que podía conseguirme toda una caja y que me la entregaría al día siguiente. Era el amanecer del domingo y estaba tan triste que tomé dos pastillas. No quería soportar la tarde y la noche sin ella.
La farmacia seguía abierta y de nuevo caía la tarde. Escuché que un perro ladraba a lo lejos y decidí salir a ver si encontraba alguien con quién hablar. Sabiendo que todo era un sueño y que regresaría tarde o temprano, combatí el miedo. Un aviso callejero me informó que caminaba por Green Lane, que había otras calles con nombres hermosos pero triviales: Golden Avenue, Main Street, Kennedy Boulevard.
Eran casi las tres de la mañana cuando se desató de nuevo la tormenta. Yo caminaba por Main Street y el agua me sorprendió en la calle. Dudé mucho antes de romper el vidrio y meterme a esa tienda de armas, pero la tormenta era insoportable. El viento se llevaba los techos de algunas edificaciones, el agua era helada y tenía un sabor extraño, amargo aquí, ácido allá. Volví a sentir mucho miedo. Cuando dejó de llover salí de la tienda con un rifle de aire y una linterna. Amaneció antes de que regresara a la farmacia. Nunca antes me había hecho tan feliz ver la luz del sol. Empecé a silbar para ver si el perro llegaba hasta mí, pero parecía ladrar en un punto fijo. Me lavé las manos y la cara en una fuente que encontré en el camino. Licorerías, peluquerías, panaderías, tiendas, todo estaba vacío. Por alguna extraña razón el pueblo había sido abandonado. Seguí los ladridos del perro sin éxito. Podría haber sido sólo una ilusión porque siempre lo escuchaba al norte y por más que caminara hacia él nunca lo escuchaba más cerca. “Maldito Oso” pensé. “Esta mierda me está enloqueciendo”. A medio día recordé la existencia de Tawnee. Sentí como si en una ráfaga de viento cálido me acariciaran sus manos. La extrañé completa, extrañé su cintura estrecha, su vientre pálido, sus ojos marrones y su sonrisa de niña. La imaginé llorando en la cama de un motel de carretera, con sus vestidos sucios entre la maleta de cuero, lavándose la cara en el baño de paredes verdes. Quise despertar y grité fuertemente. Abrí los ojos y tenía mucho dolor de cabeza. La biblia de Tawnee estaba junto a mi cama.
     -       ¿Qué fue esa mierda que me diste, Oso? Le pregunté antes de que abrieran la puerta del bar.
      -       Tranquilo, me dijo. No te lo tomes muy en serio.
     -       Pensé que iba a quedarme ahí para siempre, era un maldito pueblo fantasma, Oso, con un perro que no paraba de ladrar. Estaba noqueado, tanto que Tawnee entró a la casa y me dejó su biblia y yo ni siquiera me di cuenta. Es una mierda, Oso, Tawnee regresó a la casa y yo ni siquiera pude despertar para hablar con ella.
     -       ¿Qué estupidez estás diciendo? Tawnee debe estar lejos, lejos de Nashville, lejos de ti, lejos de este bar de mierda. Sasha me dijo hace días que había llamado desde no sé qué pueblo, que iba en busca de una tía suya en Washington, que estaba bien ¿Tawnee en tu casa? Te estás volviendo loco.
     -       ¿Preguntó por mí? – dije yo inocentemente como si al Oso le importara alguna otra cosa que no fuera venderme drogas. No respondió.
Durante tres semanas no tomé ni una de las pastas, pero me estaba hartando de soñar con Tawnee todas las noches. Soñaba que venía a visitarme una mañana mientras yo dormía, soñaba que me leía apartes de la biblia y me acariciaba el pelo, soñaba que dormía a mi lado, que me despertaba y veía sus ojos gigantes abiertos frente a los míos.
No sé cuántas pastas me tomé ese medio día, pero fueron varios los amaneceres y los atardeceres que vi en este pueblo desierto. Comí en restaurantes abandonados, sacando cosas de sus cocinas. Vi cómo las borrascas se llevaban los techos de las edificaciones más viejas, cómo crecía el césped en los patios frontales de las casas, cómo se hacía evidente que ese pueblo algún día sería borrado del mapa por la naturaleza. Una tarde entré a un bar en Green Lane. Me senté en la barra y me serví una cerveza tras otra hasta que la cabeza empezó a darme vueltas. De repente sentí que alguien me estaba mirando por la espalda, sentí el calor de sus ojos penetrándome la nuca. Me volteé aterrorizado: Tawnee estaba llorando sangre y pidiéndome a gritos que le diera un abrazo. Grité aterrorizado y caí al suelo.
Cuando me desperté estaba en la cama de un hospital. Sasha me miraba como reprochándome. El Oso sabía perfectamente lo que había pasado.
      -       ¿Cuánto tiempo llevo dormido? – le pregunté
      -       Casi dos semanas. Por ahora necesitas descansar, pero ve pensando de una vez que vas a hacer. El jefe dice que no quiere en el bar una basura que le roba días de trabajo y dinero de la caja.
      -       Mi vida es una mierda Oso - le dije antes de volver a quedarme dormido.
A la media noche me desperté. Débil, como estaba, bajé hasta la primera planta del hospital y me las arreglé para volver a casa. Decidí que no iba a volver a soñar con Tawnee, decidí eliminarla de mis sueños para siempre. Quise imaginarla en un hotel, lavándose los dientes en un baño de paredes verdes, pero sólo pude verla llorando sangre en el bar de Green Lane.
Me tomé las pastas que quedaban en el frasquito de vidrio. Tomé la biblia de Tawnee entre mis manos y alcancé a leer un pasaje que hablaba de Josué y Caleb entrando en Canaán.
El sol se asomaba por el horizonte pero no lograba calentarme. La farmacia estaba llena de agua y gran parte del techo se había ido. Logré encontrar unos cuadernos secos y lapiceros rojos en un almacén en Golden Avenue. Escribí todo aquello que recordaba, la historia de cómo conocí a Tawnee, los años que vivimos juntos en Nashville, las historias que escuché en el bar. Guardaba los papeles en la caja registradora del bar donde vi a Tawnee por última vez. Temía encontrarla de nuevo gritando, temía ver sus ojos llenos de sangre, pero ahora no temo nada. Sé que no voy a regresar nunca porque las tormentas son cada vez peores. Hace dos noches estuve de nuevo en el bar y todo se lo había llevado el viento; las sillas se habían ido, la caja registradora se había ido con mis cuadernos, las botellas estaban rotas en el piso y el whisky se había mezclado con los charcos de la lluvia. Encontré más hojas y plumas en la farmacia. Traté de hacer de esta historia larguísima un cuento corto. Esta mañana escuché la voz de una mujer que iba cantando por Green Lane y me pareció ver un perro saliendo de la farmacia. Dejaré estos papeles en la caja fuerte de la tienda de armas. Sé que ya no estoy solo pero no creo que sobreviva a la próxima tormenta. Va a llevarse los techos, va a derrumbar las paredes, elevará las sillas, las camas, romperá los vidrios que quedan, borarrá este pueblo de la faz de la tierra. Ahí viene, puedo oírla. Está cada vez más y más cerca.

sábado, 19 de marzo de 2011

Más Discos

Abrí la caja llena de discos que me regaló. Recordé por qué me gustó en primer lugar. Llamó a darme las gracias por un favor que afortunadamente pude hacerle. Nos quedamos hablando de las cosas que pasan ahora en nuestras vidas, de las nuevas personas, de los nuevos gustos, del trabajo, de las expectativas. Siente que estoy retomando el control de mi vida y eso parece gustarle. Es bueno poder ayudarnos, ser amigos, poder aconsejarnos sin que parezca que queremos intervenir en la vida del otro aprovechando esa condición de exnovios. Bailé con todo el mundo menos con ella. Nunca fuimos buena pareja bailando.

jueves, 17 de marzo de 2011

Miel

Yo sé que a López le pasa algo en el corazón. Ese escepticismo no es gratuito. Hace unos días, cuando estaba en Puesto 6 y yo en Puesto 7, fui hasta su garita a pedirle fósforos. Pensé que nadie iba a interesarse en robar algo del depósito de armamentos y prefería no fumar junto semejante cantidad de pólvora. Yo sé que a uno le dicen que una vez un soldado voló a la mierda por fumar junto al depósito solamente para meterle terror al asunto, pero prefiero no arriesgarme. Entonces fui hasta puesto 6 a pedir fósforos por eso. Por eso y porque López me gusta y yo le gusto a él. López no me va a decir nada, estoy seguro de que algo le pasa en el corazón, ese escepticismo no es gratuito. Supongo que no querrá arriesgarse así como yo no quiero arriesgarme a volar a la mierda por fumar junto al depósito. De noche se le ven tan bonitos los ojos (son color miel y a veces lucen marrones y a veces verdes), su camuflado casi siempre está bien limpio y carga agua en una cantimplora para lavarse los dientes después de fumar. Pero no se quiere arriesgar, algo le pasa en el corazón. 
La semana que viene volvemos a tener primer turno, así que estaremos a una garita de distancia de seis de la tarde a nueve de la noche y de tres a seis de la mañana, con el clima como está probablemente nos toque ver el atardecer y el amanecer y es posible que de nuevo estemos en la remonta y el depósito de armamento. Cuando anochezca voy a ir hasta su garita a pedirle fósforos. Voy a hacerlo hablar, necesito saber qué le pasa en el corazón porque tanto escepticismo no es normal. Espero poder darle un beso antes de que amanezca (porque los ojos se le ven tan bonitos de noche), para que ya no me siga comiendo las uñas durante el día, para que no siga haciéndome preguntas en la guardia mientras él duerme, para que llegue el Cabo Relevante y sea casi una ironía entregar el turno diciendo: "- Sin novedad, mi Cabo, sin novedad".

martes, 15 de marzo de 2011

Under My Skin (Un Cuento Musical)

"But each time I do just the thought of
you makes me stop before I begin"
Una de las cosas buenas de tener los senos pequeños es que facilita el uso de pequeños sostenes que dejan los hombros al descubierto, lo cual es ideal para usar este tipo de vestidos. ¿Qué pensará el que me escuche pensar de forma tan organizada? ¿Dije senos o dije tetas? Qué refinada estoy, será el vestido. ¡Esas ocurrencias de Manuel! Ahí está pintado. ¿Y ahora cómo carajo voy a subirme la cremallera hasta arriba? Tendré que pedirle el favor a él. Bueno, finalmente no fue tan difícil a la hora del té, Manuel y sus disparates, ahí está pintado, supongo que esa es una de las cosas que me gusta de él, sus disparates, sus disparates hipotéticos, sus ocurrencias virtuales. Este espejo debería ser más grande, pasaría más tiempo en el baño de la oficina y podría verme mejor la ropa. Estoy bonita, no nos digamos mentiras, yo sé que eso no es nada raro aquí pero soy una mujer bonita y eso hay que disfrutarlo. ¿A qué hora despertarán todos? Lo bueno es que a la hora del almuerzo casi nadie llama y casi nadie llega a la oficina. ¿Doctor Chang, Doctor Cheng, Doctor Ping? ¡Esas ocurrencias de Manuel!

¿De verdad existirá el tal Doctor Chang? Bueno, lo importante es que el té funcionó y que todos están dormidos. Lady se toma cualquier cosa que yo le dé siempre y cuando le diga que sirve para adelgazar. Pobrecita, cayó como un pollo sobre el teclado y el jefe dormido en el baño – roncando y todo - , Socorro y Luz Dary en la cocina. Demás que así se sentía el príncipe de La Bella Durmiente, con toda esa gente profundamente dormida alrededor. No sé como habrá hecho María Camila para que Sonia se tomara el té. Sonia, tan perfecta, tan puesta en su lugar, tan amable, tan bien arregladita, tan jarta y tan desconfiada. ¿Cómo habrá hecho Cami para que se tomara el té? Con lo mal que le cae, con lo intolerante que es con ella. Bueno, ya desconecté los teléfonos pero con el timbre no se puede hacer nada, la única forma es cortar la energía eléctrica y sin electricidad no podríamos hacer nada. Supongo que al jefe le dará pena decir que se durmió en el baño, Lady me preguntará preocupada qué le pasó, Socorro y Luz Dary en la cocina, Sonia en el sofá de la recepción. Ya se me ocurrirá algo. O les diré que yo me desperté primero y que todos estábamos dormidos.

Que estábamos todos dormidos y que quién sabe qué tendría ese té que le regaló a Manuel el hermano. Tan atrevido como empezó a hablarme por el chat de la oficina, si a duras penas me saludaba por la mañana y se despedía por la tarde. ¡Esas ocurrencias de Manuel! En vez de invitarme a almorzar o a cine o algo más normal. Está como loquito, qué pesar, debe ser que no le gusta comer acompañado o que le da pena o que le gusta almorzar solo, pero es un perfecto desconocido para casi todos aquí en la oficina, no creo que sea un asesino en serie - eso sí que no - y si lo es pues ya no tengo escapatoria, me tiene en sus manos y con un vestido rojo de coctel y unos tacones altísimos. ¡Esas ocurrencias de Manuel! Pero es hasta bonito como ha sucedido todo, primero las preguntas hipotéticas, sus pequeñas estrategias para conocerme a través de la palabra escrita, luego soltarme un día la frase así, desnuda, sin anestesia: “Yo no te conozco, María Camila, la verdad sea dicha, pero lo poco que sé y lo que desconozco me gusta mucho”.

Me imagino la cara que habrá puesto cuando leyó eso y la cara que puso cuando me despedí de ella esa tarde como si nada hubiera pasado, como si no le hubiera soltado una bomba, como si fuera posible seguir siendo simplemente dos compañeros de trabajo que se tratan de forma cordial y que fantasean con bailar salsa en el Palladium Ballroom, con colarse en el taller de Leonardo Da Vinci, con descifrar la numerología de las composiciones de Bach. “Lo poco que sé y lo que desconozco me gusta mucho”, no hubiera podido encontrar mejores palabras para describirlo todo. Si sigo lavándome los dientes de forma tan frenética voy a terminar sacándome sangre de las encías y mejor me salgo porque el baño de hombres huele mal en cualquier parte. Lo importante es salir oliendo a crema dental y a Black XS, no salir oliendo a baño de hombres. A lo mejor hasta me anime a cantarle algo al oído.

Porque dicen todos en la oficina que Manuel canta muy bonito, que lo han escuchado cuando se lava las manos, que una vez se pasó de rones en una fiesta de fin de año y que se subió a la pista en el karaoke y los dejó a todos boquiabiertos. ¿Será que se anima a cantarme algo? Es un poco lamentable esa dualidad, el Manuel que me habla todo el día a través del chat y el Manuel que se despide con reservas en la tarde y se va a su casa o a quién sabe dónde y no vuelve a la vida hasta las 7:30 de la mañana siguiente. Ahí quien lo ve, sentado en su cubículo escribiendo todo el día. ¡Es un ocurrente! ¡Es un atrevido! “Este amor, señorita, requiere algo de física, la piel me lo pide a gritos”. No podría haber encontrado una hora menos adecuada que el medio día y un lugar menos propicio que la oficina. Está loquito, qué pesar. Pero supongo que esa es una de las cosas que me gustan de él. ¡Esas ocurrencias de Manuel! Bueno, los tacones a punto, el vestido en su lugar, el pelo está decente, el maquillaje no muy descarado. Para descaros está Manuel.

Los dientes limpios, los zapatos brillantes, la barba afeitada al ras, el pelo no tiene arreglo  -  como siempre – el tocadiscos del jefe encendido en la sala de juntas, los teléfonos desconectados, los elepés en mi escritorio y jazmines sobre el suyo, vino rosso y dos copas, cuando todos despierten almorzaremos lo que cada uno trajo para un día regular de trabajo. Qué más da si por ahora no podemos ir juntos a Nueva York, qué más da si piensa que estoy loco (uno no puede ir por ahí mostrándole a todo el mundo cómo es, ¿o sí?), apuesto que nadie había hecho algo así por ella, traerle un poco de magia a la cotidianidad – qué engreído estoy, será el smoking - , poner la música a alto volumen como una señal para que salga del baño, tomar con mi mano su cintura, tal vez cantarle algo de Sinatra al oído, abrir un hueco en la rutina mientras el mundo sigue su camino, este amor – señorita -  requiere algo de física, bailar alegremente, bailar alegremente mientras todos duermen.



I've got you under my skin
I've got you deep in the heart of me
So deep in my heart, that you're really a part of me
I've got you under my skin
I've tried so not to give in
I've said to myself this affair never will go so well
But why should I try to resist, when baby will I know so well
That I've got you under my skin

I'd sacrifice anything come what might
For the sake of having you near
In spite of a warning voice that comes in the night
And repeats, repeats in my ear

Don't you know you fool, you never can win
Use your mentality, wake up to reality
But each time I do, just the thought of you
Makes me stop before I begin
Cause I've got you under my skin

lunes, 14 de marzo de 2011

When I'm Down (Otra historia de Jack y Molly)

- Sabes que odio que fumes, Molly - dijo Jack con la cabeza recostada en el abdomen desnudo de su amante.
- Supongo que cuando ella fuma no le dices nada.
- No hay caso, Molly, ella es un caso perdido.
- ¿Y no vas a escribir nada hoy? ¿Viniste a Austin de paseo?
- No lo sé, Molly, creo que estoy perdiendo el entusiasmo. Estos festivales son una repetición tras otra, una nueva versión de lo mismo, un círculo vicioso, como si el Lollapalooza fuera una versión de Woodstock, como si el South By Southwest fuera una versión del LAMC, como si ello fuera una versión musical del Sundance, del festival de cine de Berlín, como si el Hilton de Austin fuera una versión más cálida del Hilton de Londres, como si yo fuera una pésima versión de Truman Capote. El mejor crítico de rock de todos los tiempos jamás alcanzará la felicidad del peor bajista de la peor banda del mundo. Estoy harto Molly, siento que soy la caricatura risible de una depresión de Virginia Woolf, estoy cansado, muy cansado.

Molly se levantó de la cama con la intención de vestirse. La ropa tirada bajo sus audífonos gigantes, el sol dibujando su figura a contraluz, la marea infinita de sus pecas y lunares marcándole la espalda en una escena nunca repetible, el cigarrillo estrellándose contra el cenicero en la mesa de noche

- Yo soy quien debería estar harta, Jack. Sólo nos veríamos en estas convenciones si no fuera por mis viajes a Londres. Tú nunca vienes a Nueva York y la última vez tuviste el cinismo de venir con ella. Sólo me buscas cuando te sientes atormentado, cuando las cosas no van bien, cuando se te está cayendo el pelo o descubres que hay canas en tu barba, cuando el médico trae malas noticias, cuando rechazan otra de tus crónicas, cuando pierdes una de esas batallas que pretendes iniciar tú solo en momentos en que la vida ni siquiera te da problemas. Yo soy quien debería estar harta Jack, el paisaje nunca cambia, ahí esta la verdadera repetición el verdadero círculo vicioso, es como si cada una de tus tristezas fuera apenas una réplica de una tristeza anterior, estoy cansada de querer mostrarte música maravillosa y que parezcas tener los oídos sucios, tapados, llenos de moho. Vives en el pasado Jack y vivir en el pasado es la peor de tus enfermedades. Sólo me quieres cuando estás triste.
- Lo cual - dijo Jack mirando al techo - te garantiza mi amor eterno. 

Molly soltó una risita pueril, de esas inevitables, de esas que uno quisiera esconder y no puede. Vestida ya con una minifalda roja y una blusa blanca que dejaba sus hombros al descubierto, saltó sobre el cuerpo aún desnudo de Jack. Se inclinó hacia el frente sin dejar de mirarlo y digo en voz baja: "Te odio".

- ¿Vas al showcase esta noche? Hoy toca Chris Cornell.
- Claro que voy. Supongo que tú irás también y estarás esperando que toque algo de Soundgarden, te conozco bien, Jack Baker. Aunque no se lo digas a nadie estarás esperando que toque algo de Soundgarden. Probablemente Black Hole Sun. Eres tan predecible. Soy yo quien debería estar harta. Esta noche me quedaré en mi habitación. Estoy harta del whisky. Llévame un poco de alegría. Hoy quiero piña colada.

domingo, 13 de marzo de 2011

Rhinoceros

Iba a salir más temprano. La mañana parece estar soleada y un domingo soleado en Bogotá es - últimamente - casi un milagro. Planeo subir por la 116 escuchando música mientras la gente trota y suda (no sé por qué hoy no quiero hacerlo), sentarme a escribir en una banca mientras me acaricia un poco el sol, llegar hasta Santa Ana y buscar una mesa de noche idéntica a la que compré en agosto. Pero abrí el computador y me encontré un mensaje conmovedor en la bandeja de entrada de Facebook. Esta persona, que se presenta con un 'tú no me conoces', me agradece por haberla acompañado en un momento difícil a través de mi música y mi blog. Amanecí sensible. Casi lloro de alegría. Cincuenta mil personas en un festival coreando una canción tuya o una sola persona diciéndote gracias a través de un mensaje detallado y extenso; eso son cosas de las que me voy a acordar cuando esté viejo. Empiezo a amar este tipo de tecnologías por una sencilla razón, y hablo desde la perspectiva del artista: cada vez es más difícil convertirse en una superestrella masiva, en un Michael Jackson, en una Lady Gaga, pero es cada vez más fácil encontrar el público indicado, el que recibe una canción terapéutica una y otra vez hasta que está curado de algo. Cada vez me dan más ganas - por ende - de hacer arte cotidiano, familiar, casero, de rodearme de amigos que me ayuden a escribir letras, que me ayuden a componer canciones, que dirijan videos de bajo presupuesto, que junten sus pequeños dramas cotidianos con mis pequeños dramas cotidianos y convertirlos en arte, sea cual sea su forma y sea cual sea su intención. Me voy antes de que se esconda el sol.  A lo mejor hasta trote un poco y llegue a Carrefour oliendo a lo que olía mi papá cuando salía a montar en bicicleta. Supongo que me iré pensando en los Smashing Pumpkins, en su videos medio inconexos de hace 20 años, en esa forma de arte que pretendía poco y de un momento a otro conquistó el mundo.

viernes, 11 de marzo de 2011

Hora de cobrar

A la vidente que me dijo que me iba a casar a los 29 le está cogiendo la tarde para quedar bien, más que a la que me dijo que me iba a morir a los 32. Pero estoy tranquilo. Si Susan Miller llega a decirme que voy a morir a los 32 años ahí si tendré razones para asustarme.
En 1994 empecé a interesarme en lo que algunos podrían llamar las ciencias ocultas (aunque tiendo a creer que tienen más naturaleza ocultista ramas de la ciencia como la física cuántica) y me metí de lleno con un libro que había en mi casa llamado Quien Soy Yo Quién Eres Tú, escrito por un autor francés llamado Simon Durville. El libro, editado en 1976, está plagado de hermosas ilustraciones en blanco y negro y pretende explicar los rasgos característicos de la personalidad a través de la grafología, la interpretación de los sueños, una especie de mini tratado de frenología y antropometría y - por supuesto - un capítulo sobre astrología. De todas esas pequeñas disciplinas que alguna vez puse en práctica, la única que me quedó retumbando en la cabeza por siempre fue la astrología. No soy un fanático, no soy uno de esos locos que están pendientes del signo solar, el ascendente y el signo lunar de cada persona para saber cómo tratarla; pero a veces me hago ideas - acertadas o no - sobre la personalidad de cada quien por sus signos solares.
Hace un año mi amigo Camilo Mateus me presentó la página de Susan Miller, una astróloga neoyorquina que desde ese momento va enumerando situaciones muy concretas de mi vida en las predicciones mensuales publicadas en www.astrologyzone.comNo sé como lo logra, pero hablando del tránsito de los planetas Miller va diciéndole a uno más o menos qué eventos pueden suceder durante el mes que comienza y cuáles son los momentos más favorables para hacer o dejar de hacer algo. Desde que leí sus predicciones por primera vez, en enero de 2010, Miller está diciendo que el 11 de marzo del año 2011 Urano va a salir de Piscis, abandonando también así la octava casa de nosotros, los nacidos bajo el signo solar de Leo. ¿Qué quiere decir esto? Que desde hace más o menos ocho años Urano nos está jodiendo la vida en el sector financiero, que casi todos los esfuerzos económicos realizados durante estos años han alcanzado para sobrevivir, no para prosperar y que esta noche el planeta deja de ser una pesadilla en nuestras cuentas bancarias durante nuestro tiempo en esta tierra, o al menos durante unos 80 años (¿alguno de ustedes planea estar vivo a finales del siglo?). Adicionalmente, Miller dice que Urano pasa a apoyar a nuestro planeta regente (el sol) durante unos 11 años, razón por la cual la década por venir será el momento de cosechar y recibir todo lo sembrado durante estos años de mala suerte planetaria aplicada al campo del dinero. ¿Creo en esto ciegamente? Claro que no, pero sí tengo unas palabras para mi querido amigo Urano: Es 11 de marzo de 2011, llegó la hora de cobrar. Cuando Susan Miller dice que algo va a pasar... pasa. Me alisto para recibir tus regalitos durante 11 años. Cuando cumpla 40 hacemos balance.

Dancing Queen

Ritmo, armonìa, melodìa. Pueden ser las complejas subdivisiones de una salsa, la reiteración cuadriculada de una pieza de rock and roll, una pegadiza e inevitable delicia pop. Es menester empezar a mover uno de los pies al compás de las negras, tal vez marcar el contratiempo con el otro pie, mover los brazos si estoy sentado escribiendo, menear la cabeza y sonreír, subir los potenciómetros a la música. Abrir las ventanillas, meter el pie a fondo en el acelerador y cantar duro. Soltar el vaso, levantarme de la mesa y bailar solo o invitarla sutilmente a bailar conmigo.

Las hileras de chicos y chicas repartiéndose entre sí los más extravagantes pasos de house en las fiestas de 15, las corbatas coloridas y el pelo neohippie partido por la mitad, la alegría de los primeros besos en vestido de hombre grande. Los golpes recibidos en el Simón Bolìvar en el 99, las coreografías inexplicables hechas de giros y vueltas en un bar de sudor y olores antillanos. Seguir moviendo la cabeza en el taxi a pesar del cansancio, a pesar de las ganas de llegar a la cama y levantar los pies para que tomen un descanso.

Ella se mueve a lo lejos, envuelta en notas anacrónicas, en compases viejos que han hecho bailar a tantos otros; los ojos cerrados, el pelo desordenado, el sudor descendiendo por la espalda. Está entregada a la música a tal punto que no me presta atención y eso, sencillamente, me encanta.

jueves, 10 de marzo de 2011

Hipster Dream

Fade In (Viene de Negro) – Suena a lo lejos “Great DJ” de The Ting Tings. Interior día.


Me esperan sentados en círculo. Bigotes, sombreros, gafas de lectura con marcos gruesos. Cada uno tiene un adhesivo en el pecho con su nombre de usuario en Twitter. Dejamos iPods, iPhones y BlackBerries a la entrada para evitar contarles a nuestros seguidores que estamos pensando, qué estamos haciendo. Algunos también dejaron sus bicicletas. Casi todos sostenemos un recipiente con la respectiva bebida caliente favorita y junto a mi silla hay un termo lleno de agua caliente y una calabaza de mate recién cebado. 

- -    - DaKitten (Voz en Off): Yo no encajo aquí. Yo soy un tipo de chaquetas de cuero, de gafas oscuras, de camisetas y bufandas. Yo soy yo.

Me siento y veo nombres conocidos en los adhesivos: @ponkymaria, @sdussan, @wonderuomo (¿Por qué no vino @brunotoromusic?). Camisas a cuadros, pantalones ajustadísimos. Alguien me hace señas, dejo la calabaza en el piso y me paro de nuevo. Aclaro mi garganta para hablar con voz fuerte y clara: 
- DaKitten: Mi nombre es @cosmodakitten y soy un hipster.

-       - DaKitten (Voz en Off): Los guiones no se escriben en primera persona. Esto debe ser un sueño. Un mal sueño.


Fade Out (Va a negro) – Pista musical en fade out.


+ + +


Fade In (Viene de negro) – Suena Should I Stay or Should I Go de The Clash. Interior Noche.


Reddish, DaKitten y un grupo de amigos conversan en un bar de corte alternativo. Reddish deja de sacudir el pelo y le habla a DaKitten que luce pensativo.

 - -       Reddish: Míralos bien. Ellos dos son metaleros. Los demás…
-       - DaKitten: No sé… gente normal. Ingenieros, médicos...
-       - Reddish: Con camisas de ingeniero, con zapatos de ingeniero.
-       - DaKitten: Ajá.
-      -  Reddish: Ahora mírate. Mírate bien.
-       - DaKitten: Sí. No hay nada qué hacer. Soy un hipster.
-       - Reddish: Bueno, no hay nada de malo en ser un hipster. Lo malo es ser una caricatura hipster.
-       - DaKitten: Lo malo es ser una caricatura de cualquier cosa.

+ + +


Corte a la sala del apartamento de Mateus. Interior día. Se oye el final de una canción de Oki Doki. 


DaKitten sostiene una alegre conversación a través de su teléfono celular.

-       - Mateus: DaKitten dejá la chateadera. Se te va a calentar la champaña.
-       - DaKitten (soltando el BlackBerry): Esto es lo que deberíamos hacer todos los días, ¿no? La gente debería pagar por escucharnos hablar mierda, por vernos tomar champaña. Deberíamos tener un programa de radio, un podcast, un reality, un blog o alguna vaina así.
-       - Mateus: Y hacer ropa y conciertos y tener un mayordomo enano.
-       - DaKitten (tomando de nuevo el BlackBerry entre sus manos): Pasajerito. Pasajerito vestido de librea cargándonos la champaña. Pasajerito presentando la banda o entregando brochures a la entrada en tus exposiciones. Pasajerito evitándonos las vueltas de banco. ¿Y estos sombreros de dónde los sacaste?
-       - Mateus: Compré uno y el otro me lo regalaron. Tomémonos una foto.

Click. Click. Click.
-       
      - Mateus: Mostrámela.
-  -     -    DaKitten: Quedamos muy hipsters.
-   -     -   Mateus: DaKitten dejá la chateadera.
-         -   DaKitten: Debería llamarla, ¿no?
-         - Mateus: Deberías llamarla.
 -    - DaKitten: Y comprarme una Vespa.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Comentarios Inútiles XVI

1. En ocasiones me pregunté por qué siendo este un país con una cantidad considerable de afrodescendientes, mestizos, mulatos e indígenas siempre sacaban bebés rubios y de ojos claros en la publicidad de pañales. hace unos días vi un comercial de Winny en la que no sólo el bebé sino también la mamá y el papá eran de raza negra. Ahora mi pregunta es: ¿Por qué no podrán ser, por ejemplo, la mamá negra y el papá blanco? ¿Es éste un pensamiento muy United Colors of Benetton?
2. No sé cómo carajo fue que se me soltó la mano de la toalla, mientras me secaba el cuerpo de afán, y fue a dar justo contra la manija de la puerta de la ducha. La epidermis contra el borde de aluminio, los tejidos separándose, rasgándose lentamente, los pequeños vasos abriéndose y la sangre regándose con discreción, las plaquetas empezando ese proceso de sutura que afortunadamente avanza sin complicaciones.
3. Cuando el médico empezó a preguntarme por los síntomas de mi estado de ánimo, con la intención de determinar si había entrado en un periodo de depresión leve escuchó: "Acabo de pasar por una ruptura sentimental, duermo muy poco, se me acabó el apetito, renuncié a mi trabajo y - lo más impactante - no he tenido una erección en unas tres semanas". Me faltó mencionar: "Y llevo meses escuchando Alice In Chains día y noche".
4. La noticia de la muerte de Mike Starr me dejó conmocionado. ¿Por qué? Porque pensé que después de su temprana salida de Alice In Chains el bajista se había dedicado a la vida contemplativa y había logrado alejarse de la heroína, vicio que se llevó a la tumba a Layne Staley, vocalista original de la banda. Alice In Chains sigue de gira por el mundo con apenas el 50% de sus integrantes originales. A Starr lo reemplazaron hace 18 años por Mike Inez e increíblemente Staley fue relevado en el trabajo de voces por William Duvall. He escuchado las armonías que Duvall construye con Jerry Cantrell y la cosa suena bien, pero nada puede compararse a la forma en que sonaba la banda con Staley y Cantrell cantando junticos. Las armonías vocales son una cosa compleja. La heroína es la puta cagada.
5. Ante de morir y de aparecer en un reality show en el que combatía su adicción a  las drogas, Mike Starr afirmó que la banda ya no debería llamarse Alice In Chains sino Jerry Cantrell y su grupo de músicos invitados. No sé si estar de acuerdo. Cantrell es el cerebro detrás de Alice In Chains, Sean Kinney es un baterista fabuloso y Mike Inez ha estado en la banda más tiempo del que estuvo Mike Starr. "Layne era Alice In Chains", dijo también Starr en la misma entrevista. No logro imaginar a Gatoblanco sin alguno de sus tres integrantes. No sería Gatoblanco, sería otra cosa. Gatoblanco puede cambiar de manager, de ingeniero de sonido, de roadies, de stage manager, de disquera, de productor, de cualquiera de esas personas que nosotros consideramos parte de una familia, pero sin Sebastián o sin Manuel Gatoblanco no tendría pies ni cabeza. Siempre hemos sido una mesa de tres patas.
6. Smashing Pumpkins, por ejemplo puede ser Smashing Pumpkins siempre y cuando esté Billy Corgan porque, en sus propias palabras, es el espíritu lo que define el nombre de la banda. El Guns 'n Roses de Axl Rose y sus amigos es simplemente Axl Rose y sus amigos. Sin Slash Guns 'n Roses no debería existir. Es como si los hermanos De Leo y Eric Kretz hubieran llamado Stone Temple Pilots al proyecto musical que sacaron adelante con otro vocalista mientras Scott Weiland estaba en la cárcel. Esos asuntos son como complejos, cada caso es una vaina distinta.
7. ¿Han notado que en las salas de Cine Colombia los comerciales nacionales son aturdidores? El que masteriza el audio para Cinemark no está sordo. El de Cine Colombia sí.
8. La versión original de Macarena, de Los Del Río, es mucho menos tortuosa que el rémix que se popularizó por todo el mundo a mediados de la década de 1990. pero de todas formas es una pesadilla.
9. La RAE define la cefalea como dolor de cabeza, la migraña como jaqueca y la jaqueca como un dolor de cabeza intenso, localizado y derivado de problemas vasculares en el cerebro. Migraña es una palabra de origen griego y jaqueca una palabra de origen árabe. El español es un idioma muy rico. Espero que mi amigo Richitelli no me de la espalda cuando procure recuperarme de esta adicción a la Neosaldina.
10. Cuando ella me dijo que yo era un hipster me alarmé. Luego me tranquilizó cuando por medio de la conversación me demostró que no es malo ser hipster sino ser una caricatura hipster. Es como ver singles y encontrarse con todas estas caricaturas del grunge y del rock alternativo y de los veinteañeros en la década de 1990. Supongo que la solución será aceptar con dignidad mi condición de hipster, procurando no convertirme en una caricatura.
11. No estoy exagerando doctor. Me despierto en las mañanas y nada. Veo porno en The Film Zone y nada. Eso es lo que me tiene alarmado. De otra forma no hubiera venido.

lunes, 7 de marzo de 2011

And I Love Her (Té Verde)

Una guitarra de doce cuerdas, una de seis cuerdas pero de metal, una de cuerdas de nylon, una Fender, una Gibson, una guitarra de tapa arqueada, una de cuerpo macizo, un Dobro, todas son universos distintos, como las mujeres, como las personas.
Ya no recuerdo cómo se llama ese té verde que me regalaste y que me estoy tomando esta noche. A veces ya ni me acuerdo de tu existencia, aunque por algún motivo te cuelas en ocasiones en la conversación, como el sábado pasado cuando ella me preguntó si alguna vez había sido (o me había sentido, más bien) infiel.
Los dedos duelen, duelen un poco, sobre todo cuando uno está aprendiendo a tocar. Afortunadamente cuando tomé por primera vez una guitarra entre mis manos ya las cuerdas metálicas del tiple habían hecho de las suyas sobre las yemas de mis dedos. Y quise tomar la guitarra cuando escuché a los Beatles, quise sacar el solo de And I Love Her y ahora que lo pienso bien esa canción sería el ejemplo perfecto para enseñarle a alguien la diferencia entre el nylon y las cuerdas metálicas. En todo caso olvidé contarle a ella que un día me corté un dedo con Cecilia (mi Epiphone, que es como una Gibson, que tiene cuerpo macizo y da un sonido medio adecuado para el jazz), que estábamos grabando el solo de Esta Noche y tuve que repetirlo infinidad de veces y coincidencialmente el glissando me hacía pasar el seno digital medial del índice izquierdo sobre la segunda cuerda, una y otra vez, una y otra vez, una y otra y otra vez.
Finalmente lo que quería escribir es que el día de hoy no he podido dar pie con bola, no hago nada productivo, nada coherente, he estado pensando en ella pero no sé bien cómo hablarle, cómo decirle hola de nuevo, como retomar algo que siento inconcluso y distante, como si llevara años sin saber de su vida, como me pasa contigo. Pero la diferencia radica en que contigo es cierto, porque hay días en los que ni siquiera recuerdo tu existencia, como sí recuerdo todos los días la suya ahora y me dan ganas de decirle: 'Mirá que una vez me corté el dedo grabando un solo de guitarra y ya se acerca la media noche y todos duermen en este apartamento, incluyendo a mi tía que está de visita, y yo quisiera sacar de algún lado una guitarra de cuerdas de nylon para tocar And I Love Her, mientras se enfría un poco este té verde que está hirviendo, que no recuerdo cómo se llama, que tiene un gusto reseco y medio amargo como el de algunos vinos, como el de la ausencia'.

Hermoza from Heaven (Té Negro)

Te miro desde la distancia, desde la indisposición de esta silla verde, abrigado por un pañuelo palestino que nunca debió conocer la península arábiga, te miro desde la comodidad del silencio a esta hora del día, desde una esquina en la que me quedan aún más preguntas que respuestas, desde la mañana en la que pensé que tendría un misterio resuelto y ese misterio - ahora - se hizo efectivamente más grande.
Te miro desde el extremo de la pregunta abierta, desde la lectura continua, desde las ganas de darte un abrazo y de conversar contigo de nuevo a solas, desde la ansiedad de descubrirnos mutuamente con más calma, con más confianza, con menos prevenciones, bajando la guardia, aceptando los regalos que el mundo nos da sin pensar mucho en si está o no está bien, en si el escepticismo debe o no tener cabida.